Antonio Pérez Esclarín

Diálogo y negociación

vene-12Para solucionar la grave  crisis que sufrimos que, ante la sordera  y prepotencia  del gobierno,  ha obligado a la gente a salir masivamente y sin miedo  a la calle para reclamar sus  derechos pisoteados  y la necesidad de un profundo cambio; y que ha traído como respuesta una feroz represión  que está ensangrentando las calles, llenando de dolor a las familias  y amenaza con entrar en una espiral de ingobernabilidad y violencia incontenible; debemos  emprender el camino del  diálogo sincero, que lleve a la negociación y la solución de los problemas que sufrimos.  

El diálogo exige  aceptar  que el país está al borde del abismo,  autocrítica para dejar de culpar siempre al otro,  responsabilidad para reconocer errores y equivocaciones,  humildad y valor  para aceptar la necesidad de cambiar de actitudes y de rumbo,  cumplimiento de los acuerdos que se vayan logrando,  respeto inquebrantable a la verdad, que detesta y huye de  la mentira. Desde la mentira y las medias verdades, desde la manipulación interesada de los hechos, desde el  repetido llamado  a un diálogo para ganar tiempo y sin intenciones de ceder en nada,  no es posible dialogar. “La verdad les hará libres”, dijo Jesús;  libera de la prepotencia y del orgullo, de la falsedad y la soberbia, del cinismo y la hipocresía.  Una supuesta verdad que ofende, que para imponerse,  está dispuesta a recurrir a todos los medios por inhumanos que sean,  es siempre falsa.

Si el diálogo es sincero debe llevar a la negociación, como camino para construir acuerdos básicos para la  solución de los problemas, raíz del malestar y la protesta. Pero para que el diálogo y la  negociación  culminen en soluciones, hay que romper las barreras mentales y conductuales de los que dialogan.

Si Maduro y sus asesores  creyeron sinceramente  que la convocatoria a una Asamblea Constituyente era un medio idóneo  para retomar el diálogo, bajar las tensiones y lograr la paz, deberían  desistir de ella al ver que sólo ha servido para avivar los enfrentamientos,  incrementar la violencia y profundizar el camino del caos, la anarquía y muerte.  ¿Cómo no entender que una Asamblea Constituyente sólo es posible en un clima de paz y tranquilidad, y que no se puede imponer por la fuerza?   

Es hora de que el Consejo Nacional Electoral demuestre su autonomía y cumpla con su obligación de fijar un cronograma electoral, que  en parte remedie los errores y horrores que ocasionó la suspensión del referéndum y la postergación de las elecciones de gobernadores que debieron haberse realizado hace ya cinco meses.  Ellos pueden  detener el derramamiento de sangre y contribuir a enrumbar al país por los caminos de la reconciliación, la paz y la prosperidad. Es hora  de que los militares cumplan con su juramento de cumplir y hacer cumplir la constitución,  de defender a todo el pueblo y de reducir a los violentos, asesinos, saqueadores y destructores de bienes  públicos y privados. Es hora también de administrar positivamente la  rabia para que no degenere en caos, destrucción, anarquía, venganza y muerte. La nueva Venezuela no nacerá del odio, sino de la justicia y el perdón. No podemos copiar las conductas que criticamos, ni justificar nuestra violencia en la violencia del adversario.

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Esta entrada fue publicada el 29 de mayo de 2017 por en Varios.
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