Antonio Pérez Esclarín

Educar para la ciudadanía

EDUCARSin  auténticos ciudadanos es imposible tener país, y en Venezuela, donde parece imponerse cada vez con más fuerza  la intolerancia, el irrespeto, la manipulación,  los abusos de poder,  estamos muy lejos de ser un país de ciudadanos. Sin embargo, y como escribe Jesús Seguías, “el siglo XXI pertenece por entero a la sociedad democrática, a la sociedad tolerante y respetuosa de la diversidad en todas sus manifestaciones, a la sociedad de ciudadanos y comunidades organizadas, donde la sociedad civil es más fuerte que la sociedad política (es decir, donde el pueblo sea realmente dueño de su destino y donde ningún gobierno ni ningún político está por encima del soberano)”.

De ahí la importancia de una genuina educación que se oriente a garantizar las competencias esenciales para el ejercicio de una ciudadanía activa  y responsable:

-Aprender a no agredir ni física, ni verbal, ni psicológicamente a nadie. La agresión es signo de debilidad moral e intelectual y la violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento. La violencia deshumaniza ala que la ejerce y desata una lógica de violencia siempre mayor.  Valiente no es el que amenaza, ofende, golpea o domina a otro, sino el que es capaz de dominarse a sí mismo y trata a todos con respeto.

-Aprender a comunicarse, a escuchar, a dialogar, a argumentar, a respetar las opiniones diversas sin ofender al que piensa distinto y a mostrar coherencia entre palabras y vida.

-Aprender a tratar con cortesía, a colaborar, a decidir en grupo, a considerar los problemas como retos a resolver y no como ocasiones para culpar a otros.

-Aprender a cuidarse, a cuidar a otros, a cuidar el ambiente, las cosas colectivas, los bienes públicos que pertenecen a todos, combatiendo  la corrupción, el clientelismo y el aprovechamiento de los beneficios del  poder.

-Aprender a esforzarse y trabajar con responsabilidad y calidad, medio esencial para garantizar a todos unas condiciones de vida digna (en vivienda, alimentación, salud, educación, trabajo, recreación…), como factores esenciales para la convivencia pacífica. La defensa de los derechos humanos esenciales se transforma en el deber de hacerlos posibles y reales para todos.

-Aprender a valorar la propia familia, cultura y religión, a respetar las familias, culturas y religiones diferentes dentro y fuera de cada país, combatiendo los dogmatismos, fundamentalismos e intolerancia de quienes quieren imponer una única forma de pensar, de creer y de vivir. Precisamente porque todos somos iguales, todos tenemos derecho a pensar de una forma distinta, dentro de los derechos humanos y de los marcos constitucionales.  . El fanatismo es odio a la inteligencia, miedo a la razón.

-Aprender a desarrollar la autonomía personal, la confianza, el respeto, la honestidad, la responsabilidad y la corresponsabilidad, el compromiso personal y social, la cooperación, el servicio y la solidaridad. En definitiva, sólo será posible convivir, es decir, vivir con los demás, si hay personas dispuestas a vivir para los demás, si se deciden a entender la vida como servicio. Nos dieron la vida para darla, para entregarla en defensa de todo tipo de vida amenazada, para vivir como un regalo para los demás.

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Esta entrada fue publicada el 11 de julio de 2016 por en Varios.
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