Antonio Pérez Esclarín

Educar para la libertad

libertdadFrente a la  colonización de las mentes y la pretensión  en Venezuela de imponer  la dictadura de un único  pensamiento, es decir,  de asesinar moralmente a la divergencia tachando de apátrida  o traidor a todo el que se atreva a disentir de las políticas oficiales,  la educación debe orientarse a cultivar la libertad y a formar personas reflexivas y críticas, capaces de pensar con su cabeza y no meramente repetir lo que le dicen u ordenan  otros;   de argumentar y defender con valor sus puntos de vista sin ofender al que piensa diferente;   de pensar la educación y pensar el país y  el mundo, para poder contribuir a transformarlos.

Educación que promueva el análisis crítico de la realidad local y nacional  y de la problemática mundial, que capacite para reconstruir   la cultura e inventar  un país y un mundo nuevos en el que prevalezcan las relaciones fraternales y la paz se asiente sobre la justicia y la equidad. En palabras de Paulo Freire, necesitamos de un “radicalismo crítico que combata los sectarismos siempre castradores…, sean  de derecha o de izquierda –iguales en su capacidad de odiar lo diferente- intolerantes, propietarios de una verdad de la que no se puede dudar siquiera ligeramente, cuanto más negar…¿Qué extraña manera es esa de hacer historia, de enseñar democracia, golpeando a los que son diferentes para continuar gozando, en nombre de la democracia, de la libertad de golpear” (Política y Educación, pág. 38; Pedagogía de la Esperanza, pág. 48 y  167).

En Venezuela, nuestra democracia está siendo asfixiada por políticas  cada vez más autoritarias, militaristas, alejadas de las mayorías, que siguen justificando sus medidas antipopulares en nombre de un pueblo cuyo apoyo perdieron masivamente. Pareciera que para el Gobierno, las mayorías dejan de ser pueblo cuando le retiran su apoyo, y automáticamente pasan a ser apátridas, agentes del imperio o incluso traidores. Por ello, cuando el pueblo votó masivamente por una Asamblea distinta, que devolviera la dignidad al parlamento y permitiera las voces disidentes, el Ejecutivo, pisoteando la esencia de la democracia,  utiliza al Poder Judicial y al Poder Electoral para frenar o impedir las medidas de la Asamblea.

¿Cómo es posible que el Poder Judicial torpedee todas las decisiones de la Asamblea y que el Poder Electoral haga el juego a los que ponen obstáculos al referendo y no diga nada contra las amenazas de los funcionarios públicos de botar a los que firmaron? ¿Acaso no es su obligación defender la Constitución y trabajar por una salida democrática a la crisis? ¿O es que prefieren que el país se hunda en un baño de sangre?

De ahí la importancia de  cultivar una educación en libertad y para la libertad.   La miseria y la exclusión están ligadas a la falta de voz y de poder de los grupos populares. Un pueblo ignorante o superficialmente educado será siempre víctima de liderazgos enfermizos, y vivirá en la espera de mesianismos salvadores y bajo la amenaza de fanatismos que proliferarán en mil formas de intolerancia. La tarea más importante de la educación es enseñar la libertad.

Libre es la persona que logra desamarrarse de sus miedos, caprichos y ataduras, y es capaz de vivir toda experiencia, por dura y dolorosa que sea, de un modo comprometido y liberador.  En un mundo que, cada vez más, nos va llenando de cadenas, la genuina libertad debe traducirse en liberación, en lucha tenaz contra todas las formas de opresión y represión.

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Esta entrada fue publicada el 4 de junio de 2016 por en Varios.
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