Antonio Pérez Esclarín

Ser un buen ciudadano

paso-cebra--575x323Ciudadano es la persona que no sólo se preocupa por sus bienes personales, sino que busca el bien común, es decir, que todas las personas podamos vivir con dignidad y que disfrutemos por igual de bienes y servicios públicos de calidad. Las personas que sólo se preocupan por garantizarles a sus hijos buena educación o salud, sin importarles la suerte de los demás, no son buenos ciudadanos. Como tampoco lo son los que tiran basura a la calle o a la carretera, irrespetan las señales de tráfico, malgastan o se roban la luz y el agua, destrozan los parques y plazas, no pagan impuestos y siempre se las arreglan para retrasarse o evadir el pago del condominio. Muchos de los que hoy se la pasan voceando la necesidad de una educación para la ciudadanía, se roban la luz o el cable sin el menor escrúpulo, irrespetan las leyes y excluyen y ofenden a los que no piensan como ellos.

Político y ciudadano vienen a significar lo mismo. Político es el habitante de la polis griega, que el latín tradujo como civitas o ciudad. El ciudadano o el político ejercen y defienden su libertad en el horizonte de la convivencia. Saben que, a la larga, no es posible la paz y la convivencia si no disfrutamos todos de una vida digna. Por ello, combaten por igual la tiranía o la apropiación del poder que nos pertenece a todos, y el desinterés por lo público o por la política, como opuestos a la esencia del ser humano.

Aristóteles definió al ser humano como “animal político” y a los griegos, la vida privada en exclusiva, es decir, que no se preocupaba por el bienestar general, les parecía “estúpida”. Cada ciudadano, cada miembro de la polis, tiene su familia, sus intereses, sus negocios, en suma, su vida privada. Pero si se queda en ella resultará un ser incompleto, “un estúpido”, porque estará prescindiendo de la posibilidad e incluso necesidad de una segunda y superior vida, que le va a permitir ser plenamente libre y servir al interés general, sin el que la condición humana se desdibuja y mutila.

La política es la construcción del bien común, el bien de todas y cada una de las personas que forman la comunidad humana. Hacer política es hacer posible que todos, especialmente los más débiles y necesitados, podamos vivir con dignidad y obtener la máxima felicidad posible. La vida digna, la seguridad, el trabajo bien remunerado, la educación de calidad, el acceso a los productos alimentarios sin la humillación, el suplicio y la zozobra de las colas, el acceso a una vivienda apropiada, los servicios eficientes en salud, agua, luz, el poder desplazarnos por carreteras y calles sin huecos ni basura, son derechos esenciales y no dádivas que debemos agradecer al gobernante de turno. Es su deber garantizarnos a todos esos derechos y, si no lo hacen, debemos exigírselo con firmeza, aunque sin violencia y castigarlos con el voto.

La perversión de la política es apropiarse de lo público, es decir de los bienes que son de todos, para su propio beneficio, el de los suyos, o para mantenerse en el poder. Cuando la acción política tiene como fin el interés del partido o de los que mandan, nos hundimos cada vez más en la corrupción, aunque unos poderes sumisos den a dicha apropiación visos de legalidad.

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Esta entrada fue publicada el 15 de noviembre de 2015 por en Varios.
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