Antonio Pérez Esclarín

EL APRENDIZAJE DE LA ESCRITURA

escribiendoDesgraciadamente, nuestro sistema educativo no educa para la escritura. Enseña a reproducir más que a producir, a copiar, pero no a pensar y a crear. Por confundir escribir con copiar, hay alumnos que pasaron seis años en la escuela primaria, cinco o seis en bachillerato, otros tantos en la universidad, e incluso culminaron estudios de postgrado y en muy raras ocasiones escribieron algo propio, ni se les enseñó a escribir, a comunicar de un modo personal su pensamiento o a volcar en un texto hermoso su creatividad. Se limitaron a copiar en miles de páginas las palabras y pensamientos de otros, sin importar si lo hicieron en dictados, memorizando, copiando directamente de los libros y hoy, cada vez más, de Internet, en esos trabajos tan mal llamados de “investigación”, que se limitan a copiar y pegar.

La escritura es un medio de comunicación y de creación, pero también lo es para aprender a pensar. Cuando escribimos, meditamos sobre las ideas que queremos expresar, examinamos nuestros pensamientos, reflexionamos, nos vamos aclarando. Escribir, más que transmitir un conocimiento, es acceder a ese conocimiento. Muchas cosas las comprendemos sólo cuando las escribimos.

De ahí que, si quieres saber lo que piensas, escríbelo. Detrás de muchas resistencias a escribir, se ocultan las resistencias a pensar. Uno escribe siempre lo que es. Lo que uno es y lo que piensa aparece siempre en lo que escribe. De ahí que sólo escribirá realmente el que sepa leer el mundo y la vida, y atrapar al lector, tocar las fibras sensibles de la persona. El oficio de escribir supone estar atento a la realidad (dentro y fuera de uno mismo), enamorarse de las palabras y compartirlas con los otros, o sea “expresarse”, echar fuera de sí.

La educación tradicional niega la expresión: el maestro habla, el alumno escucha y tiene que oír sin interrumpir y luego repetir cuando se le pregunta. De este modo, se le condena a la pasividad, a la mera reproducción, y va asumiendo que la escritura es un ejercicio tedioso, ajeno a sus inquietudes y preocupaciones.

De ahí que, si queremos formar escritores, debemos partir siempre de la vida e historia de los alumnos; y crear un ambiente de libertad que favorezca la comunicación y la expresión. Formarlos para que sean capaces de decir su propia palabra como expresión de vida, en un mundo dominado por la propaganda, la retórica vacía, la superficialidad y las mentiras. Para, con las palabras-vida, combatir el analfabetismo crítico que tratan de imponernos, la dictadura del pensamiento único, la colonización de las mentes.

El arte de la escritura implica una lucha tenaz con las palabras. Para atrapar al lector, hay que aprender a corregir, a perfeccionar, a no contentarse con una escritura fácil. Escribir supone dudas, inseguridades, y mucho coraje para superar el vértigo de la página en blanco. La genuina escritura es cinco por ciento de inspiración y noventa y cinco por ciento de transpiración. Escribir es una especie de desangramiento y, como todo acto de creación, una mezcla de placer y de dolor.

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Esta entrada fue publicada el 15 de noviembre de 2015 por en Varios.
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