Antonio Pérez Esclarín

URDANETA: VALIENTE, HONESTO Y FIEL

se-llamaba-rafael-urdanetaAsí se titula uno de mis libros sobre Rafael Urdaneta, máximo prócer zuliano, que nació el 24 de Octubre de 1788, hace 227 años. La historia nos recuerda su intrépido valor y su firme decisión, cuando en momentos difíciles en que desertaban los soldados del ejército patriota, se dirigió a Bolívar y le dijo “Si con dos hombres basta para liberar a la patria, presto estoy a acompañar a usted”. Así era Urdaneta: un relámpago de valor. Pero más que el heroísmo de Urdaneta, puesto a aprueba en cien combates y sobre todo en la tenaz defensa de Valencia, me interesa subrayar su lealtad y su honestidad y proponer una reflexión en torno a ellas.

La verdadera lealtad a la patria implica asumir con desprendimiento las nuevas batallas de la independencia que permitan una patria grande y justa para cada venezolano, es decir, unas condiciones de vida dignas, respetuosas y solidarias. Porque la patria no es algo vaporoso y vago que se invoca en los momentos solemnes. La patria es, en primer lugar, cada venezolano y cada venezolana; es la constitución que debemos cumplir y defender; es la democracia que debemos profundizar; es la tierra venezolana, con sus recursos y riquezas que pertenecen a todos y que no pueden ser administrados caprichosamente, o en beneficio de algunos. Defender la patria es trabajar por una democracia política, social y cultural, que garantice que todos los venezolanos vivamos con dignidad, sin el acoso de la miseria o la inseguridad, ni el colapso de los servicios esenciales. Democracia con instituciones eficientes, que resuelvan problemas y poderes autónomos que se regulen unos a otros. Defender la patria es garantizar alimentos a todos sin la humillación de las colas, detener la inflación que aniquila, ahorros, salarios y sus aumentos siempre mínimos, salir a la calle sin miedo a ser robado o asesinado. Defender la patria es castigar la ineficiencia, la corrupción, el matraqueo, el nepotismo; es impulsar unas políticas productivas y laborales agresivas y eficientes, que garanticen bienes y servicios de calidad para todos.

Con frecuencia, los discursos, las ofrendas, los homenajes a Bolívar, Urdaneta u otros próceres, son el mejor modo de enterrarlos definitivamente, de arroparse con sus nombres y llevar una vida opuesta a su espíritu. Muchos de los que discursean aclamando con devoción a los padres de la patria y colocan ofrendas florales frente a sus estatuas, se roban los dineros de todos o los administran como si fueran suyos, corrompen voluntades, amasan fortunas sobre la miseria de las mayorías y ejercen la política como ocasión de enriquecimiento o para acaparar más poder personal o para los suyos.

“No dejo en el mundo sino una viuda y once hijos en la mayor pobreza”, testimonió Urdaneta antes de su muerte en París, un hombre que había ocupado los más altos cargos militares y políticos, incluso la Presidencia de la Gran Colombia, sin buscar su provecho o el de los suyos. Y cuenta la historia que sabiendo que le había llegado la hora de su muerte, llamó a sus hijos Rafael y Luciano que le acompañaban y les ordenó:
“Encárguense ustedes de devolver al Gobierno de Venezuela la parte que aún queda de los viáticos que me adelantaron para el viaje que no he podido concluir”.

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Esta entrada fue publicada el 24 de octubre de 2015 por en Varios.
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