Antonio Pérez Esclarín

Retos de la educación católica

jesusEn este contexto que acabamos de bosquejar, la educación católica debe ser más radical, es decir, tiene que volver a sus raíces. Y sus raíces son Jesús y su evangelio. En nuestra educación católica, no han faltado palabras, pero ha faltado fe vital, testimonio, comunicación de experiencia, contagio de algo vivido de manera honda y entrañable. El gran reto hoy es irnos configurando como colegios verdaderamente evangélicos, levadura en la masa de la educación. Es imprescindible que los alumnos perciban en el centro educativo los valores que les decimos van a hacer más plenas sus vidas y van a ayudarles a ser más felices.

Necesitamos educadores testigos, de fuerte espiritualidad encarnada, de fidelidad rebelde, capaces de “gritar con su vida el evangelio”, y arrastren al seguimiento de Jesús. Esta debe ser, a mi modo de ver, la misión de la vida religiosa en educación. El testigo comunica su propia experiencia, lo que vive. No enseña pastoral ni catecismo, comunica su pasión, hace seguidores de Jesús. Irradia y contagia vida, no doctrina.

Necesitamos ir siendo nosotros esos maestros llenos de espíritu, de vitalidad, de entusiasmo… para que podamos ser creíbles, para que nuestras vidas convenzan y arrastren. Maestros que nos esforzamos por conocer y seguir cada vez más al Maestro Jesús y abrevamos en su vida y en su pedagogía nuestra vocación de servicio.

Desde hace algún tiempo me viene sorprendiendo el constatar que los educadores católicos, que nos consideramos seguidores de Jesús, que incluso reconocemos en Él al “Maestro de maestros”, no nos hayamos planteado estudiar a fondo su pedagogía. Estudiamos y citamos como pedagogos inspiradores a Freire, Rodríguez, Freinet, Piaget, Vygotski, Vélaz, o a los fundadores de algunas congregaciones religiosas, pero raramente estudiamos a Jesús como Maestro y Pedagogo. Ciertamente, Él no desarrolló ni escribió ningún tratado o libro de pedagogía, pero no hay duda que ejerció su misión de maestro de un modo muy especial, lo que evidencia que, si nos detenemos a analizar sus enseñanzas y el cómo las enseñaba, encontraremos fácilmente una serie de contenidos esenciales y de principios pedagógicos que pueden iluminar nuestro hacer educativo, en los que podemos abrevar nuestra decisión de irnos configurando como auténticos educadores católicos. Junto a las enseñanzas de Jesús, existe una pedagogía tendiente a la formación integral de las personas para inducir cambios profundos en sus vidas, de modo que puedan alcanzar su autonomía y dignidad y puedan contribuir a la transformación de nuestro actual mundo inhumano. Siempre me impactó escuchar del P. Kolvenbach, el P. General de la Compañía de Jesús, que el gran aporte que Fe y Alegría podía hacer a la Educación Popular era su dimensión espiritual.

Creo sinceramente que en estos tiempos de tanta confusión y deshumanización, de tanta ideología, de tanta planificación estratégica que puede llevarnos a olvidar lo más esencial y evidente, de tanta tentación (por ambas partes en esta Venezuela tan polarizada) de utilizar a Jesús para que se cumpla nuestra voluntad más que la suya, puede ser conveniente revisar nuestro caminar a ver si realmente vamos tras las huellas del Maestro, a quien siempre hemos considerado como Camino, Verdad y Vida; es decir, el Camino verdadero a la Vida, o el Camino a la Vida Verdadera.

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Esta entrada fue publicada el 12 de febrero de 2015 por en Conferencias.
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