Antonio Pérez Esclarín

Avanzar al futuro

Visión-al-futuroResulta trágico que en Venezuela pretendamos  superar el pasado  y construir lo nuevo con las viejas respuestas de ayer sin atrevernos a plantearnos nuevas  preguntas.  Las respuestas sólo sirven para repetir el mundo. Son las preguntas las que son capaces de imaginar y crear lo nuevo. Si en verdad pretendemos crear un mundo nuevo necesitamos negociar nuevas preguntas y a partir de ellas, construir nuevas respuestas. Es sorprendente cómo el discurso de los políticos  adolece de falta de creatividad y resulta cada vez más repetitivo, cansón y sin credibilidad.

Venezuela necesita recrear la política con dirigentes con una muy fuerte vocación social, humildes  pero creativos, que  no se crean los únicos poseedores de la verdad, sino buscadores de ella  con los otros diferentes. Para ello, es necesaria  una autocrítica sincera y despiadada para evaluar lo que no camina, para determinar qué hay que hacer, qué se está haciendo bien, qué se está haciendo mal y qué hay que dejar de hacer para que los logros deseados  vayan dejando de ser meras promesas y se conviertan en realidades.  No se puede aspirar a construir un nuevo futuro reproduciendo y agigantando los errores del pasado. Detrás de muchos discursos prepotentes  se oculta el temor, la inseguridad y la falta de ideas. Si Einstein decía que no hay prueba de estupidez mayor que pretender nuevos resultados haciendo siempre lo mismo, el gobierno debería replantearse una revisión profunda y valiente de sus políticas y sus certezas.

No podemos seguir dando respuestas de ayer a los problemas de hoy. Los tiempos de incertidumbre que vivimos deberían  estimular la crítica, la creatividad y la osadía de los genuinos ciudadanos. Es necesario abandonar de una vez  el futuro que viene  de atrás y buscar el futuro mejor que está adelante, un futuro deseable que debemos construir entre todos.                          

El gobierno trata de justificar su fracaso  señalando los logros  en políticas sociales, pero eso  es muy poco para lo que se podía y debía haber hecho con los inmensos recursos que ha malbaratado, el gran apoyo popular de que ha disfrutado  y el acaparamiento de todos los poderes. En estos últimos años de abundancia, nos hemos vuelto más dependientes del petróleo, hemos destruido  el aparato productivo, hemos pulverizado el bolívar, la inflación ha diluido los ahorros,  y no sólo no hemos sido capaces de resolver alguno de los problemas esenciales, sino que  se han  agudizado todos. El país parece un enorme cementerio de  promesas  fracasadas:  fundos zamoranos, quiebre  de empresas expropiadas o estatizadas,  gallineros verticales,  ruta de la empanada, heladería copelia, camastrón para turismo del pueblo, areperas socialistas, huertos oligopónicos, cooperativas, y tantos otros  proyectos que dilapidaron miles de millones sin los resultados esperados.   ¿Y nadie va a responsabilizarse por los miles de millones malgastados? ¿Acaso la ineficiencia no es una forma perversa de malversación y  de saqueo?

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Esta entrada fue publicada el 20 de noviembre de 2014 por en Artículos de Prensa.
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