Antonio Pérez Esclarín

Venezuela nos necesita

Aragoneses(Palabras  en la celebración del Día del Pilar -12 de Octubre- de la Comunidad Aragonesa de Venezuela).

Decir Aragón es nombrar la nobleza, la reciedumbre y el esfuerzo tenaz. Dicho con una palabra tan nuestra, que cada vez se oye menos y se necesita más, rasmia, empuje y tesón, fortaleza física y espiritual, para lograr un objetivo. Los aragoneses no nos achantamos ante los problemas sino que nos crecemos ante ellos. Por ello, hemos sido capaces de humanizar las cumbres y barrancos del Pirineo y de ordeñar los desiertos de los Monegros.
Llegados de todos los rincones del Alto y del Bajo Aragón, hicimos nuestra esta tierra bendita que nos abrió los brazos. Aquí levantamos una familia, mezclamos sangres y costumbres, nacieron nuestros hijos y nietos, y fuimos capaces de hermanar al Ebro con el Orinoco, al Cinca con el Apure, al Turia con el Neverí. Seguimos invocando a La Virgen del Pilar y la rebautizamos como Coromoto, Virgen del Valle, Chinita, Y muchos decimos con orgullo que somos venezolanos nacidos en Aragón.

Es verdad que vivimos tiempos difíciles en Venezuela, tiempos donde es preciso sacar lo mejor de nuestra rasmia para contribuir a enrumbar este bendito país por los caminos de la prosperidad, el reencuentro y la paz.
Cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a tierras venezolanas, quedó tan impresionado con su belleza que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos ardidos de tanta luz y tanto verdor trataban en vano de captar toda la hermosura. Y de su asombro y admiración, brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

El nombre definitivo, Venezuela, hija del agua, nació del asombro de los hombres de Ojeda, en especial del italiano Américo Vespucio, ante el paisaje de esos palafitos a la entrada del lago de Maracaibo, que temblaban en el agua como garzas de madera.
Venezuela es ciertamente un país privilegiado, lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba especialmente feliz. Realmente, Venezuela lo tiene todo, no sólo inmensas riquezas de materias primas: petróleo, hierro, oro, aluminio, carbón, pesca, productos agrícolas y ganaderos…,que, mediante el esfuerzos, el trabajo y la productividad, debemos convertir en vida abundante para todos, sino que es difícil imaginar un país más hermoso. Cuenta con un sol inapagable, playas exquisitas de aguas cristalinas sobre lechos de coral (Morrocoy, Los Roques, Mochima, Playa Colorada, El Agua, Choroní, Cata, Adícora, Zapara, Villa Marina, Neima…); desiertos y medanales que día y noche avanzan sin descanso con sus pies movedizos de arena; llanuras inmensas pobladas de historias, corocoras y garzas, donde los horizontes, como las estrellas, se alejan a medida que uno los persigue; ríos caudalosos que van culebreando entre selvas infinitas; árboles frondosos que parecen sostener el cielo con sus brazos; islas paradisíacas que semejan estrellas caídas en el inmenso cielo azul de nuestro mares; lagos y lagunas encantadas, pobladas de leyendas y de magia; tepuyes, castillos de los dioses, que levantan sus frentes para asomarse al espectáculo increíble de la Gran Sabana; saltos, raudales y cataratas que entonan con sus labios de agua el himno del amanecer de la creación; una enorme serranía habitada por el frailejón, el viento y la soledad, donde el tiempo va madurando sus cosechas de rocas; pueblitos montañeros que se acurrucan en torno a la torre valiente de su iglesia y se trepan con ella, a las raíces de la niebla y del frío; una colosal montaña que agita su blanca bandera de nieve contra el cielo; en marzo y abril, Venezuela llamea en los brazos de sus araguaneyes; todas las tardes Dios se despide de nosotros en los crepúsculos de Lara y en los atardeceres de Juan Griego y acuna nuestro sueño con el guiño sublime del relámpago del Catatumbo. Y una gente maravillosa que enseguida brinda su cariño y su amistad.

Venezuela enfrenta hoy un triple reto para convertir todas sus inmensas potencialidades en vida abundante para todos: el reto del reencuentro y la convivencia, de modo que profundicemos y llenemos de sentido la democracia, entendida como un poema de la diversidad, con poderes autónomos que se vigilen y regulen mutuamente e instituciones eficientes, que resuelvan problemas, de modo que todos los venezolanos nos constituyamos en genuinas personas y auténticos ciudadanos, sujetos de derechos y deberes, iguales ante la ley. El segundo reto es cambiar el modelo estatista y rentista por un modelo eficiente y productivo, que asuma el trabajo y la producción como medios esenciales de realización personal y de garantizar a toda la población bienes y servicios de calidad. El tercer reto es lograr un desarrollo humano, con justicia y equidad, es decir, sin excluidos de ningún tipo, un desarrollo que combata con fuerza la pobreza, la miseria y todo tipo de violencia. A pesar de los graves problemas y contradicciones, los venezolanos, especialmente los venezolanos nacidos en Aragón y los venezolanos con sangre aragonesa, no podemos renunciar a la esperanza y debemos seguir trabajando con tesón, ilusión y pasión, por constituirnos en una nación moderna, eficiente y solidaria, en la que todos podamos vivir con dignidad y, al mirarnos a los ojos, nos veamos como ciudadanos y hermanos y no como rivales o enemigos.

Para enfrentar y superar estos tres grandes retos, Venezuela nos necesita hoy más que nunca. Necesita de lo mejor de nosotros. Es tiempo para empuñar nuestra rasmia y blandir con ella una esperanza comprometida. Si Anatole France decía que “nunca se da tanto como cuando se da esperanza”, nosotros debemos en primer lugar constituirnos en sembradores de esperanza comprometida, flor que cada día escasea más en Venezuela:
“No había fiesta en el llano que no fuera alumbrada por los dedos mágicos del arpista Figueredo. Sus dedos acariciaban las cuerdas, se prendía la alegría y brotaba incontenible el ancho río de su música prodigiosa.
Se la pasaba de pueblo en pueblo, anunciando y posibilitando la fiesta, poniendo a galopar los pies y los corazones de la gente en la fiesta inapagable del joropo. El, sus muías y su arpa, por los infinitos caminos del llano. En una mula él, en la otra mula el arpa; cubierta con un plástico negro para soportar los terribles chaparrones del invierno llanero, en que, como dice el poeta Lazo Martí: “El llano es una ola que ha caído, el cielo es una ola que no cae”. Pero también en verano cubierta con el plástico negro para soportar los gritos de ese sol infinito que reseca la tierra, la raja, la cuartea. Uno recorre el llano al final del verano y puede escuchar los lamentos de la tierra herida por la sed: se quejan los árboles mustios y cenizosos de polvo, se queja la tierra sedienta, se quejan los animales ante los pozos resecos.

Una noche, tenía que cruzar un morichal espeso y allí lo esperaron los bandidos. Lo asaltaron, lo golpearon salvajemente hasta dejarlo por muerto y se llevaron las muías y se llevaron el arpa.
A la mañana siguiente, pasaron por allí unos arrieros y encontraron al maestro Figueredo cubierto de moretones y de sangre. Estaba vivo pero en muy mal estado. Casi no podía hablar. Los arrieros le preguntaron qué había pasado y él haciendo un increíble esfuer¬zo, llegó a balbucear con unos labios entumecidos e hinchados: «Me robaron las mulas». Volvió a hundirse en un silencio que dolía y, ante la insistencia de los campesinos que seguían preguntando, logró empujar hacia sus labios destrozados una nueva queja: «Me robaron el arpa». Parecía que era imposible que pudiera decir más nada, y al rato, y cuando parecía que ya no iba a decir más nada, empezó a reír. Era una risa profunda y fresca que, inexplicablemente salía de ese rostro desollado, que parecía una estampa del dolor y de la cruz. . Y en medio de la risa, el maestro Figueredo logró decir: «¡Pero no me robaron la música!».
¡Que no nos roben la música, que no nos roben la rasmia, que no nos roben ni el coraje ni la esperanza! La esperanza es fuente de fuerza y de vida.

Sin esperanza languidece el entusiasmo y se apagan las ganas de luchar y de vivir. El logoterapeuta Viktor Frankl, que vivió tres años en Auschwitz, el principal campo de concentración nazi, nos cuenta que, en las navidades de 1944 aumentó considerablemente el número de muertos en el campo de concentración. Al buscar una explicación, nos dice que no se debió a que el invierno fuera especialmente crudo, pues fue más bien benigno. Tampoco se debió a que disminuyeran las raciones de la comida, que fueron las acostumbradas. No hubo tampoco una epidemia de tifus que, cuando se presentaba, sembraba de cadáveres los barracones. Se debió a que se había corrido el rumor de que se estaban acercando los aliados y ellos serían liberados antes de las navidades de 1944. Como pasaron las navidades y no llegaron los aliados, la gente perdió la esperanza y se echaron a morir. Los sobrevivientes serían liberados por fin el 27 de enero de 1945 por el ejército soviético.
En estos días difíciles, los aragoneses de Venezuela estamos llamados a constituirnos en sembradores de esperanza, una esperanza que se vuelve compromiso y esfuerzo por enrumbar este país por las sendas de la paz y del progreso.

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Esta entrada fue publicada el 17 de octubre de 2014 por en Varios.
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