Antonio Pérez Esclarín

Precios justos que dan sustos

PreciosjustosEstuve fuera del país poco más de un mes, y todavía no me repongo del asombro de ver cómo, en tan pocos días, se han disparado los precios de prácticamente todos los productos esenciales.

A las pocas horas de llegar, y como la nevera estaba vacía, salí a la calle a hacer algunas compras. Me dirigí primero a un mercado popular de verduras y contemplé asombrado que el tomate estaba a 140 bs. el kilo, las papas y zanahorias a 75, los plátanos a 15 bs por unidad, y por un aguacate pequeño me pidieron 60 bs. Me llevé tan sólo lo estrictamente necesario y tuve que pagar 800 bolívares. De allí me dirigí a una carnicería y compré un kilo de bisteck a 240 bs y otro de carne para esmechar a 220. A finales de julio, había comprado la carne en esa misma carnicería a bs. 180.

Como el regreso del viaje había sido muy cansón pues por fin logramos salir de Maiquetía hacia Maracaibo a las tres de la mañana tras ocho largas horas de espera, se me ocurrió comprar una botella de ron para preparar unos cuba-libres y relajarnos un poco. Por la botella que había comprado en julio a Bs. 300, me pidieron ahora 500. Ya cerca de la casa, entré a la panadería y compré un cartón de huevos a 170 Bs. y por un yogurt pequeño que en julio costaba nueve bs, tuve que pagar 21.

Ante estas realidades, ¿no resulta cínica la tan repetida retórica de precios justos? ¿Será que los que nos gobiernan no hacen mercado y están convencidos de que en verdad los ciudadanos estamos acaparando productos por lo baratos que los conseguimos y que por ello hay escasez? ¿Por qué en los gobiernos de calle no visitan algún mercado o carnicería o le preguntan al pueblo a qué precios están consiguiendo los alimentos?

El Gobierno repite que los altos precios se deben a la guerra económica y posiblemente de tanto repetirlo muchos se lo crean. Pero si la guerra es cierta, deben reconocer que la están perdiendo, y que sus estrategias no han logrado hasta ahora los resultados esperados. Lo lógico entonces sería cambiar las estrategias. Nos repiten también que la escasez se debe al contrabando de extracción. No dudo que existe y en grandísimas cantidades. Pero si nos aseguran que el país está preparado para enfrentar y derrotar al imperio, porque “la revolución es pacífica pero está armada” ¿cómo es posible que no sean capaces de derrotar a un grupo de contrabandistas?

Einstein decía que no había signo de estupidez mayor que esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. ¡Basta ya de echar siempre toda la culpa a otros y de inventarse enemigos! Los verdaderos enemigos que nos están derrotando a todos y causando numerosas bajas son la ineficiencia, la corrupción y la improductividad. Para derrotarlos hace falta mucho más que promesas y buenas intenciones. ¡Hacen falta políticas novedosas que enfrenten las causas del problema y no las consecuencias!

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Esta entrada fue publicada el 14 de septiembre de 2014 por en Artículos de Prensa.
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