Antonio Pérez Esclarín

El arte de educar

educar arteMe parece extraordinario que, con motivo de la Consulta por la Calidad Educativa, la educación está siendo tema de preocupación, reflexión, discusión y debate. Pero no es suficiente preocuparnos solamente “por la educación de mis hijos”, sino que deberíamos preocuparnos por la educación de todos los hijos de Venezuela y sumar aportes, críticas, esfuerzos y propuestas para garantizar a cada estudiante educación de calidad.

El término educar tiene una doble raíz latina: Educere, que significa sacar de adentro, extraer toda la riqueza que hay en la persona; o Educare, que significa nutrir, alimentar, guiar, ofrecer posibilidades para que el otro pueda crecer y alcanzar la dimensión de plenitud a la que está llamado. Se trata de propiciar la creatividad y autonomía de cada estudainate para que sea capaz de hacer de su vida una verdadera obra de arte. En este sentido, Sócrates planteaba que la educación tenía una función de partera: ayudar a los otros, mediante preguntas pertinentes, a que den a luz la verdad, el bien, la belleza, que todos potencialmente llevamos dentro. Kant le daba a la educación un sentido muy parecido pues mantenía que la educación debe “desarrollar en cada individuo toda la perfección de que es capaz”. A su vez, María Montessori decía que “educar no es transmitir conocimientos, sino ayudar al descubrimiento del propio ser”; y J. Ruskin expresaba que “educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.

En consecuencia, debemos entender que educar no es meramente instruir, y mucho menos adoctrinar, uniformar o manipular. Educar es el arte de acercarse al alumno con respeto y con amor, para que se despliegue en él una vida verdaderamente humana. Educar es contribuir a desarrollar armónicamente todas las dimensiones y potencialidades del ser humano (cualidades físicas, psíquicas, intelectuales, morales y espirituales), para que llegue a ser una persona digna y feliz. De ahí que la educación no puede reducirse a un asunto técnico, pues es esencialmente un asunto ético y humano.

La relación educativa exige verdad. Se equivocan los docentes que prefieren ser leales al partido, más que a sus alumnos, a su conciencia, o a su misión de educar. Se equivocan los que, para ganarse el respeto de sus alumnos, se muestran tan distantes o prepotentes, que llegan a ser temidos o aborrecidos por ellos. Lo que los alumnos necesitan es encontrarse con personas cercanas, cariñosas, sencillas, profundamente buenas, que aman su profesión y viven en formación permanente para servir mejor a sus estudiantes. Para el crecimiento humano, los educadores, no los meros profesores, son más importantes que los políticos, los militares, los técnicos o los economistas. De ahí la necesidad de tratarlos de acuerdo a la importancia de su labor. Si la educación es tan importante ¿por qué se paga tan mal a los educadores?

3 comentarios el “El arte de educar

  1. zeida infante
    17 de mayo de 2014

    Ojala llegue el momento que los docentes entiendan que deben actuar asi como usted lo describe con amor a su profesion, como seres formadores ,e independientes comprometidos con la educacion y NO con un partido politico.

  2. Pingback: El arte de educar de Antonio Pérez Esclarín | Observatorio EDUCAPAÍS

  3. Dalberto Semprn
    24 de junio de 2014

    Date: Sat, 17 May 2014 21:34:46 +0000 To: dalberto_54@hotmail.com

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Esta entrada fue publicada el 17 de mayo de 2014 por en Artículos de Prensa.
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