Antonio Pérez Esclarín

RESUCITAR A UNA NUEVA VIDA

resucitarEl Domingo de Resurrección es el día más importante y glorioso de todo el calendario cristiano. Es un día de júbilo y esperanza. En él celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre la crueldad, del perdón sobre la venganza.

Celebrar la Resurrección, el triunfo del Amor sobre el odio y la muerte, debe ser ocasión para renovar nuestra decisión de seguir con mayor radicalidad a Jesús y trabajar por su proyecto: El Reino, que es construir un mundo como lo quiere Dios.

El Dios de Jesús es amigo de la vida, tiene pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos, y nos invita a compartir su sueño y su proyecto de amor. Eso es el Reino. El Reino de Dios está en la disposición de servir. Cuando se lucha contra el sufrimiento, cuando se alivia el dolor, cuando se trabaja por bajar de la cruz a los crucificados por la miseria, la injusticia y la violencia, allí está actuando el Reino de Dios. Si hoy reina la opresión, la miseria, la injusticia, la mentira, el egoísmo, la insensibilidad, la muerte, Jesús nos invita a construir el Reino de la paz, la fraternidad, la verdad, el servicio, la compasión, la vida. Un Reino sin tronos ni palacios, sin lujos ni pompas, sin ejércitos, con el único poder, como Jesús, de sanar, de curar, de ayudar, de servir, de perdonar. Un Reino donde los últimos son los primeros. Un Reino que prefiere a los pobres y excluidos, a los despreciados y abandonados, antes que a los doctos letrados y a los puros fariseos, que buscan la santidad cumpliendo al detalle mil preceptos religiosos pero han olvidado las necesidades y sufrimientos de los pobres.

El Reino de Dios es, en definitiva, el anti-reino de los poderosos y de los reyes de la tierra. Como Jesús lo palpó y lo entendió con meridiana claridad “los jefes de las naciones las gobiernan como dueños y los grandes hacen sentir su poder. No debe ser así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser grande que se haga su servidor, el que quiera ser el primero que se haga su esclavo. Porque así sucede con el Hijo del Hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir, y a dar la vida por todos” (Mateo 20,20 y ss).

El Reino de Dios comienza a estar ya entre nosotros cuando servimos a los necesitados, cuando nos esforzamos por combatir la injusticia y la violencia. Para Jesús, servir a Dios y su proyecto es servir al prójimo: no hay otra manera de servir a Dios que sirviendo al prójimo.

Celebrar la Resurrección nos debe impulsar a renacer a una nueva vida, nos debe dar fuerzas para seguir con mayor radicalidad a Jesús. ¿Qué pasaría en Venezuela y en el mundo si los cristianos, que nos consideramos seguidores de Jesús, empezáramos a tomar en serio el evangelio y lo sembráramos en las estructuras políticas, sociales y económicas?

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Esta entrada fue publicada el 20 de abril de 2014 por en Artículos de Prensa.
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