Antonio Pérez Esclarín

FORTALECER LA FAMILIA

family-6La familia es la principal escuela de valores o de antivalores. No olvidemos que los niños aprenden lo que viven. De ahí que si en verdad queremos combatir la violencia y  contribuir a una cultura de la convivencia y el respeto, debemos esforzarnos por fortalecer la familia. Para ello, hay que superar de una vez la familia hotel o residencia, donde las personas viven en el mismo edificio pero escasamente se comunican en profundidad, por la familia comunidad.  En la familia comunidad, cada persona es para las demás presencia y compromiso. En ella,  aprenden los niños  a ser personas, a ser comunitarios mediante el diálogo y se va progresando del apego total al progresivo despegue.

El vínculo afectivo es necesario, pero siempre que no genere dependencia. Se trata de no caer ni en el autoritarismo ni en la permisividad. Los padres, principalmente por su ejemplo, proporcionan a los hijos virtudes, valores e ideales. No educan para apropiarse de sus hijos, sino para que ellos se apropien de sí mismos. Los hijos serán un fiel reflejo de cómo les han tratado los padres que si les  han apoyado tendrán solidez interna y confianza en sí mismos. Si no se han ocupado de ellos, no tendrán experiencia comunitaria y tendrán sentimientos de abandono y  soledad que desembocarán en el egoísmo y la violencia.

No hay nada que dé más seguridad y felicidad a un niño que ver que sus padres se tratan con respeto y con amor. No deberíamos olvidar que la principal herencia que podemos dejar a los hijos es el recuerdo de unos padres que se respetaban y querían. De ahí la importancia, para tener familias comunidad,  de fortalecer la pareja. El hogar está vivo cuando los padres saben quererse, apoyarse mutuamente, compartir penas y alegrías, perdonarse, dialogar y confiar el uno en el otro. La familia se empieza a deshumanizar cuando crece el egoísmo, las discusiones y malentendidos. Lamentablemente,  cada vez parece más normal romper con la pareja, buscarse un nuevo amor y volver a empezar. Todo parece así más fácil y llevadero. Sin embargo, detrás de cada ruptura hay casi siempre no poco sufrimiento y frustración. Hay a veces humillación. ¿No es posible vivir en pareja de manera más estable?

Para ello, hay que comenzar por no confundir el amor con los sentimientos y el deseo erótico. Por lo general, la primera atracción del amor es muy intensa pero casi nunca se mantiene así. El deseo cambia y evoluciona. Quien identifica el amor con la atracción se dedica a enamorarse una y otra vez de alguien distinto. En cada comienzo disfruta. Luego, sufre y hace sufrir.

Es importante también recordar que, si no hay una decisión y compromiso por buscar el bien del otro, no hay todavía amor. Por eso, es un error avanzar en una relación de pareja de manera prematura, si no estamos dispuestos a hacer feliz al otro. Tampoco hay que olvidar que «amar es fundamentalmente dar, no recibir». Por eso,  sólo el amor incondicional es duradero. Si cada uno vive buscando sólo lo que el otro le puede aportar, el futuro de la pareja está en peligro. El amor se consolida cuando uno es feliz haciendo feliz al otro.

 

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Esta entrada fue publicada el 2 de febrero de 2014 por en Artículos de Prensa.
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