Antonio Pérez Esclarín

La diversidad como riqueza

diversidadIMGEl 10 de diciembre de 1948, cuando el mundo se asomaba  estremecido al horror de los campos de exterminio nazi y de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial que ocasionó  unos 50 millones de muertos, dejó ciudades enteras convertidas en escombros  y nos asomó al poder destructor de las armas nucleares; un centenar de países reunidos en París, firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres y son iguales en dignidad y derechos”. Hoy, después de 65 años de aquella firma solemne, el mundo es más desigual, injusto y discriminador que nunca.

El inmenso poder creador de los seres humanos no está al servicio de la vida ni de la convivencia. El increíble desarrollo tecnocientífico no se está traduciendo  en desarrollo humano. El mundo de comienzos del Siglo XXI funciona para unos pocos y contra muchos. Por ello, la exclusión  y no la fraternidad campea vigorosa en nuestras relaciones con los demás. Hoy se sigue excluyendo abiertamente por razones económicas, sociales,  políticas, raciales,  religiosas, culturales,  sexuales, de género…

La genuina democracia es un poema de la diversidad, que no sólo tolera sino que celebra que seamos diferentes. Pretender que todos pensemos y actuemos del mismo modo  es destruirnos como personas autónomas. Necesitamos, en consecuencia,  una educación que nos enseñe a vivir con el otro diferente, y respetar sus puntos de vista distintos a los míos. Sustituir razones y argumentos por ofensas es claudicar a lo esencial del ser humano y prostituir la política  como el arte de conciliar posturas diversas. Debemos convencernos de que la construcción de una  Venezuela próspera, justa y pacífica  pasa por la convivencia y el respeto a la diversidad, y que el fundamentalismo, la violencia y la discriminación sólo llevan al enfrentamiento y el fracaso.

Hoy se habla mucho de la necesidad de ser tolerantes. Pero yo pienso con Gandhi que hay que superar la mera tolerancia para abrirse a la necesidad de respetar e incluso alegrarse de la diversidad, considerándola como riqueza. Es maravilloso que haya razas, costumbres, culturas, religiones, formas de pensar diferentes, dentro, por supuesto, del marco que nos establecen los Derechos Humanos.  El tesoro de la humanidad está precisamente en su diversidad creadora.  La idea de unidad de la especie humana no debe borrar la de su diversidad. Precisamente porque todos somos iguales, tenemos derecho a ser diferentes y a ser respetados  en nuestra diversidad.

Una genuina educación para la convivencia debe combatir decididamente todo tipo de discriminación y  las variadas formas de dogmatismo, fundamentalismo e intolerancia de quienes pretenden imponer una única forma de pensar, de creer, de vivir. La diversidad y el respeto a las minorías son tan importantes como el gobierno de las mayorías. Los ganadores en la contienda electoral se deben a todos por igual y deben gobernar sin preferencias ni exclusiones. No olvidemos que el fanatismo es odio a la inteligencia, miedo a la razón. Asumir la diversidad como riqueza es una gran oportunidad de enriquecimiento personal y colectivo, camino a la justicia y a la paz.

Un comentario el “La diversidad como riqueza

  1. Héctor Soto
    18 de enero de 2014

    La razón del ser es reconocernos como hermanos y aprender a respetarnos como lo que somos hijos de un mismo padre para armónicamente vivir en equidad mas que en toleramcia

    Enviado desde mi iPhone

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Esta entrada fue publicada el 8 de diciembre de 2013 por en Artículos de Prensa.
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