Antonio Pérez Esclarín

ACUSACIONES CON PRUEBAS

 

EdoEl pasado siete de septiembre, el Presidente Nicolás Maduro, durante un conversatorio con comunas del estado Aragua, denunció que desde la Casa Blanca, sede del gobierno estadounidense, se realizaron reuniones donde presuntamente se organizó un plan para desestabilizar al país en el mes de Octubre, nominado “colapso total”. Aseguró tener en sus manos documentos e informes en los que se señala, con nombres y apellidos, los asistentes a dichas reuniones, en las que se pretende sabotear a Venezuela. Con sus palabras textuales, “tengo los datos, las fechas de esas reuniones en la Casa Blanca, los nombres de quienes asistieron, los planes que hicieron. Ellos piensan que en Octubre colapsará Venezuela, así lo han planificado, que iban a sabotear la comida de la gente, la electricidad, el combustible, las refinerías”.

Pasan los días y no se nos presentan pruebas de una acusación tan grave ni se nos presentan los nombres de los que estarían involucrados en este proyecto desestabilizador. Tampoco nunca se presentaron las prometidas  pruebas de que el reciente  macroapagón había sido un sabotaje, o de los repetidos conatos de magnicidio.   El ministro Rafael Ramírez  informó hace unos días que los resultados de la investigación sobre la tragedia de Amuay que ocasionó un buen número de  muertes de personas y muchos millones de dólares en pérdidas económicas, se había debido a que algunos habían aflojado deliberadamente unos tornillos para ocasionar la tragedia. Pero, ¿cómo llegaron a esta conclusión?, ¿dónde están las pruebas?, ¿quiénes aflojaron los tornillos?

Acusaciones sin pruebas  pierden credibilidad, pueden indicar  una gran inmoralidad si realmente no existen dichas pruebas,   y uno empieza a echar de menos un mínimo de autocrítica a los dirigentes del gobierno  que siempre echan la culpa de los problemas a planes subversivos de “la oposición apátrida y agente del imperio”. Esta actitud demuestra una gran inmadurez, propia de muchos adolescentes, que, incapaces de asumir su responsabilidad, siempre culpan a otros de los problemas. ¿No se consiguen los alimentos de primera necesidad? ¿Hay colas para todo? ¿Es imposible comprar carro y no se consiguen los repuestos? ¿Se va la luz? ¿No hay medicinas en los hospitales ni tampoco en las farmacias? ¿La violencia sigue enlutando los hogares y llenando de cadáveres las morgues? ¿En las cárceles impera   la ley de la selva?  ¿La inflación galopa sin frenos y devora sueldos y ahorros?  ¿Está  disminuyendo la capacidad productiva? ¿El bolívar cada día vale menos y el dólar negro sigue trepando sin nadie ni nada que lo detenga?… Detrás de todos estos problemas, causándolos, está la mano peluda de la oposición empeñada en hundir a Venezuela. Ciertamente, según los voceros del Gobierno, si no existiera la oposición, Venezuela sería el país de las maravillas, donde todo funcionaría a la perfección, y todos viviríamos como angelitos.

Por favor, un poco de seriedad y respeto. De nada sirve proclamar en todos los  foros, reuniones y encuentros que esta es una revolución ética y que  la política sin ética es una aberración, si se mantienen  estas actitudes y conductas.  ¿Ignoran acaso que la crítica objetiva  y la autocrítica sincera son actitudes esenciales de los verdaderos revolucionarios?

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Esta entrada fue publicada el 19 de septiembre de 2013 por en Artículos de Prensa.
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