Antonio Pérez Esclarín

Universidad, resistencia y renovación

universidadLa autonomía universitaria nació como garantía para la libertad académica frente a las interferencias de otros poderes. Desde su origen se entendió como la independencia del mundo académico para enseñar e investigar de acuerdo con sus propias convicciones y libre de las presiones del poder político o religioso. Por ello, a lo largo de toda su historia, siempre ha debido enfrentar a absolutistas, dictadores y autoritarios que no permiten el pensamiento libre y quieren convertir a la universidad en un instrumento servil para sus ambiciones y para imponer su visión personalista de la política y de la sociedad.

El 9 de Julio de 1811, el Claustro de la Universidad de Caracas acordó apoyar como institución “la independencia absoluta de estas provincias de Venezuela de toda otra potestad que no emane de la voluntad libre y general de los pueblos”. Como consecuencia de este acto de libertad, sería perseguida por los distintos gobiernos realistas. En 1815, llegó a Venezuela el General Pablo Morillo al frente de un poderoso ejército, con la intención de restaurar el orden colonial. Como no ignoraba que la Universidad había alentado los planes independentistas, la castigó y humilló convirtiéndola en cuartel de sus tropas desde el 18 de marzo hasta el 16 de octubre de 1815.

Morillo permitió que la Universidad se volviera a abrir cuando estuvo bien seguro de que habría de ser un firme bastión de su política colonial, pues todos los abusos de poder siempre son posibles porque hay personas con espíritu de lacayos, dispuestos a secundar las ambiciones y los caprichos de jefes y caudillos. Toda dictadura, todo absolutismo, siempre se sustentan en espíritus serviles o que buscan aprovecharse de las ventajas y beneficios del poder. Por supuesto, la Universidad autónoma y libre sufrió también el acoso de las dictaduras de Gómez y de Pérez Jiménez.

No debe extrañarnos que un gobierno tan autoritario como el que sufrimos, que no tolera la crítica ni la disidencia, la haya tomado con la universidad autónoma, uno de los pocos bastiones de resistencia que quedan. Pero una Universidad obediente y sumisa contradice su esencia y niega su razón de ser.

De ahí que hoy debe mantenerse firme y valiente frente a las políticas que buscan asfixiarla económicamente o minar su energía dejando correr el tiempo sin voluntad de resolver el conflicto, con la idea de hacerle doblegar la cabeza y convertirla en un instrumento servil del poder. El tan necesario cambio educativo no vendrá con gritos y consignas ni con fervientes llamados a combatir el imperialismo, mientras se mantiene una actitud imperialista con el que piensa distinto, ni consintiendo a las universidades sumisas, sino que vendrá convirtiendo nuestras aulas y centros educativos en lugares de búsqueda, de diálogo, de participación, de investigación, de inclusión, de gestación de lo nuevo.

Yo, como educador popular que llevo ya 42 años trabajando siempre al lado del pueblo más pobre y excluido, siempre he luchado por una educación que dote a los educandos de voz y de poder, que no consiste precisamente en repetir lo que me dicen, en gritar consignas, en apabullar al adversario con gritos, insultos y hasta golpes, sino en capacidad crítica y autocrítica, de argumentación, respeto y diálogo, de sensibilidad social y compromiso con la gestación de una educación y un mundo nuevos.

Pero la Universidad no sólo debe resistir, sino que debe aprovechar este momento como una oportunidad extraordinaria para autocriticarse y para asumir su misión de vanguardia del pensamiento libre y creativo. El papel de la universidad no es, como muchos pretenden, adaptarse a los cambios y a las exigencias del poder político.

Su papel es dirigir los cambios en un sentido ético y estético, que enrumben al país por los caminos de la justicia, la productividad y la equidad, lo que supone crítica profunda de toda política sectaria y excluyente y también de sus propios vicios. De ahí que la autonomía debe ser sobre todo impulso para la innovación, la recreación permanente y la propia superación. Hay que defender la genuina autonomía y atacar con decisión esa posible deformación de la autonomía que se puede traducir en ausencia de evaluación y, en consecuencia, contribuye a la irresponsabilidad y a la mediocridad.

 

Un comentario el “Universidad, resistencia y renovación

  1. teahelentea
    4 de agosto de 2013

    Reblogueó esto en TEA NACHO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 3 de agosto de 2013 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
A %d blogueros les gusta esto: