Antonio Pérez Esclarín

DISFRUTAR LA TERCERA EDAD

tercera edadEl 29 de mayo celebramos en Venezuela el  Día del Adulto Mayor.  No todos tienen la dicha y el privilegio  de llegar a  adultos mayores.  Por ello, no  podemos considerar  la tercera edad como una carga, sino como un extraordinario regalo y como una oportunidad de ahondar en las cosas más importantes y de disfrutar calmadamente de los mil regalos que nos brinda la vida en cada momento. Cada etapa de la vida guarda sorpresas para quien  quiere gozar en plenitud de este don maravilloso, para quien tiene capacidad de asombro y de agradecimiento al despertar cada mañana.

Si es bien cierto que no podemos evitar el decaimiento y fatiga del cuerpo, y que con el paso de los años, perdemos facultades y también familiares y amigos, es posible mantener un espíritu vigoroso y vivir la tercera edad  de una forma enriquecedora en la que podemos continuar creciendo, sentirnos bien y hacer sentir bien a los demás.

La vida es ahora y lo importante es vivir cada momento de un modo significativo y pleno.  Hay jóvenes que  se la pasan quejando, viven amargados, sin ilusión, pareciera que hubieran perdido las  ganas de vivir. Y hay adultos mayores  que deslumbran e impresionan por su juventud y por su amor a la vida.

Cada edad tiene su propia juventud y es posible vivir intensamente cada etapa, cada momento, cada suceso. Si uno al llegar a la tercera edad,  cree  que ya no sirve para nada, envejece de verdad, y entra en un acelerado proceso de decrepitud.  Está muy bien jubilarse del trabajo, pero no hay que jubilarse nunca de la vida. La jubilación del trabajo brinda excelentes oportunidades para asumir proyectos  postergados, para enfrentar nuevos retos, para disfrutar de las cosas sencillas y del milagro de la vida que se recrea en cada momento y especialmente en los nietos.

Recuerda el proverbio japonés: “No diga: Es imposible. Diga: No lo he hecho todavía”. Con el paso del tiempo uno puede seguir creciendo hacia adentro, en espiritualidad e incluso en creatividad. Ser un adulto mayor no   es ser un inútil, y la historia nos recuerda a algunos ancianos increíbles: Bertrand Russell recibió el Premio Nóbel a los 78 años y a los 90 seguía combatiendo incansablemente por las causas humanitarias. A los 80 años de edad, Leopoldo von Ramke comenzó a escribir la Historia del Mundo, obra que concluyó a los 92. Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90 años y el japonés Teichi Igarachi subió el monte Fuji a los 99. Otro japonés acaba de conquistar el Everest, el pico más alto del planeta, a los ochenta años.  Podríamos alargar enormemente la lista de adultos mayores  memorables que desplegaron en su edad más avanzada una increíble juventud creadora: Miguel Ángel, Moisés, Bernard Shaw, Arthur Miller, Picasso, Casals, Chaplin, John Dewey, Jacinto Convit…

Por ello, un auténtico proyecto de vida debe ayudarnos a vivir la “edad dorada” del modo más humano posible, como una excelente oportunidad de seguir regalando lo mejor de nosotros,  evitando la amargura, el desánimo, el aislamiento, la sensación de inutilidad. Esta  edad  puede ser una oportunidad maravillosa para acrecentar el espíritu e irse convirtiendo en un verdadero experto en humanidad. Los que han vivido enamorados de la vida, siguen amando mucho en la última etapa: Dan gracias por todo y gozan cada momento de su existencia. Siguen activos y cultivan su mente y su espíritu.

 

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Esta entrada fue publicada el 28 de mayo de 2013 por en Artículos de Prensa.
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