Antonio Pérez Esclarín

EDUCAR LA MEMORIA Y EL RECUERDO

memoriaLos excesos de una educación transmisiva y bancaria que llevó a privilegiar la memorización y el caletre sin comprensión, llevó a algunos educadores a descuidar el cultivo adecuado de la memoria. Pero la memoria forma parte de la inteligencia; no puede haber inteligencia sin memoria. En palabras de Fernando Savater, “Una educación basada exclusivamente en la memoria es reductiva, y puede ser tiránica. Pero una educación que deja de lado absolutamente la memoria o que la descarta, evidentemente es una educación que no va a desarrollar la inteligencia. Las pedagogías progresistas, por sus excesos, han renunciado a una serie de cosas que son realmente imprescindibles, como la necesidad de disciplina o la memoria”.

Los niños tienen una gran capacidad para memorizar, capacidad que debe ser cultivada y ejercitada continuamente. Aprenderse poemas de memoria, las capitales de los países del mundo, los presidentes de Venezuela, los afluentes del Orinoco, las tablas de multiplicar…son ejercicios necesarios de memoria que servirán de cimientos para una adecuada comprensión y para la adquisición apropiada de nuevos conocimientos, pues, sin bagaje cultural, es imposible el conocimiento.  El haber descuidado el ejercicio de la memoria nos está llevando a una educación sin contenidos. De hecho, muchos bachilleres y hasta universitarios, son incapaces de señalar en un mapa la ubicación de los países latinoamericanos (ni qué decir de los otros continentes), y no pueden  resolver operaciones elementales de  matemáticas sin la ayuda de una calculadora.  Así mismo, al no haber memorizado y comprendido,  por ejemplo, el hilo conductor de la historia de Venezuela, a los alumnos  les da lo mismo y son incapaces de ubicar en el tiempo a Monagas, Simón Rodríguez, Guaicaipuro,  Guzmán Blanco, José Leonardo Chirino, Miranda,  Zamora, Gómez o Carlos Andrés Pérez.

Lo que debe criticarse  es la memorización de conceptos y de textos sin comprensión,  la acumulación de datos sueltos sin integrarlos a otros. Si los contenidos del conocimiento no están bien estructurados, y claramente relacionados unos con otros, no sirven de nada. Lo que se sabe confusamente y a medias no sólo es inútil, es también un estorbo,  un contenido parasitario que dificulta el aprendizaje de cosas nuevas.  Una cabeza bien formada es la que tiene sus conocimientos bien ordenados y estructurados, no la que carece de conocimientos.  Los que desdeñan el cultivo de la memoria dicen que lo importante es que un niño aprenda a consultar un libro, y no que sepa el libro de memoria. Si bien esto es cierto,  no podemos olvidar que se consulta lo que se supo y se ha olvidado, o aquello de cuya existencia se tiene noticia, pero no se puede consultar algo si no se tiene ni idea de ese  algo. Ni siquiera un diccionario, el libro de consulta por excelencia, es útil para quien no tiene buena memoria. Y eso sin considerar que es imposible manejarlo si no hemos aprendido previamente el orden alfabético. Si después de averiguar el significado de una palabra la olvidamos, es decir, no la incorporamos ya para siempre a nuestro vocabulario, la búsqueda ha sido una pérdida de tiempo.

Por otra parte, en estos tiempos de información, donde cada noticia borra la anterior pues las últimas noticias son las únicas noticias, debemos cultivar el recuerdo. Sólo  recordando el pasado doloroso y también heroico, se podrán curar las fracturas y heridas dejadas por la violencia política y se podrá concebir y trabajar por un nuevo futuro. En este sentido, la memoria construye realidad. De ahí la importancia de comisiones de la verdad que ayuden a desentrañar los sucesos confusos  y a superar las visiones maniqueas del pasado de los que pretenden releer e interpretar los hechos a su conveniencia. La verdad es siempre liberadora y no sólo va a permitir  reparar los daños a tantas víctimas inocentes,  sino va a poner cimientos sólidos a una verdadera reconciliación y a una nueva convivencia social que combata la impunidad y castigue los abusos de poder. Desgraciadamente, la historia oficial suele ser la historia de los que detentan el poder. De ahí la necesidad de reconstruir la historia también desde las voces y memorias  de las víctimas, siempre ausentes en las historias oficiales.

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Esta entrada fue publicada en 3 de abril de 2013 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
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