Antonio Pérez Esclarín

EDUCAR LA VOLUNTAD Y EL CARÁCTER

voluntadDe la  comodidad, la flojera y la rutina no suele salir nada valioso o importante. De ahí la necesidad de educar el carácter y la voluntad, sobre todo en estos tiempos postmodernos, donde se nos va imponiendo la cultura de lo light  (cervezas y refrescos light, salchichas light, pastas light, café descafeinado…) con el agravante de que las vidas terminan  siendo  también cada vez más light, sin coraje ni voluntad,  hasta el punto en que ya  muchos no se atreven a preguntarse lo que deben hacer, sino que terminan haciendo siempre y sólo lo que les provoca hacer.

La palabra voluntad procede del latín, voluntas, que significa querer.   La voluntad tiene que ver con el esfuerzo, con la motivación,  con el desear, querer o decidir.  Cuando uno quiere de verdad algo, se esfuerza por conseguirlo, lucha, se sacrifica. De ahí que entendemos que una persona tiene voluntad cuando la vemos con coraje, con decisión, comprometida seriamente en alcanzar sus metas. Por lo contrario, cuando vemos a una persona sin empeño, incapaz de esforzarse, de superar sus vicios, de encarar sus problemas, decimos que le falta voluntad.

No educar la voluntad supone huir del esfuerzo y la superación personal y formar personas  esclavas de sus apetencias y por ello objeto de la  manipulación política y de la publicidad, las modas o las propagandas. Los grandes triunfos y logros en la vida suelen ser más fruto de la tenacidad, del esfuerzo de cada día, que de los dones naturales. Sin voluntad, sin esfuerzo, sin entusiasmo,  nadie llega lejos ni logra metas importantes. Una voluntad recia no se consigue de la noche a la mañana. Aquí también, para lograr la musculatura de la voluntad se requiere mucha ejercitación.

En nuestro mundo permisivo de hoy, suena raro y hasta anticuado  hablar de la educación del carácter y la voluntad. De hecho, numerosos   padres se sacrifican para proporcionar a  sus hijos  una buena educación intelectual que, si está a su alcance,  tratan de complementar con una serie de  actividades extracurriculares (cursos de   inglés, de música, de natación…). Además les proporcionan enseguida las computadoras último modelo y los aparatos electrónicos más sofisticados  que les permiten ciertamente  vivir superinformados y, por lo general, los sumergen  en un mundo de trivialidades y chismes, pero no parecen preocuparse por la formación del temple, del carácter. De este modo, estamos levantando generaciones de niños y jóvenes caprichosos, superficiales, débiles interiormente, indefensos ante el futuro que les espera,  que se convertirán pronto en hombres y mujeres sin principios firmes,  manejados como veletas por la publicidad y las modas, incapaces de salir de sí mismos, incapaces en consecuencia de amar.

Es muy importante  que padres y maestros, tan preocupados por el desarrollo intelectual de  hijos y alumnos,  entendamos que sirve de muy poco  desarrollar la inteligencia sin formar la voluntad. De hecho, los alumnos verdaderamente inteligentes  comprenden pronto que sin desarrollar la voluntad  no lograrán nada importante en la vida y que, sin esfuerzo, no es posible lograr las metas que uno se propone. ¡Cuántas inteligencias brillantes han fracasado  por carecer de voluntad!

 

Formar la voluntad supone esfuerzo, orden, constancia, disciplina.  De ahí que la educación debe combatir esa cultura del  mínimo esfuerzo, del dejar hacer y empezar a cultivar  la exigencia,  el vencimiento, el esfuerzo  y la  pasión por hacer las cosas cada vez mejor, en un clima alegre pero también marcado por un orden y una disciplina consensuados y cumplidos  que permitan el aprendizaje, la superación y la formación de personas de carácter, capaces de superar su egoísmo y levantarse de su flojera y comodidad.  De hecho, no superaremos el fracaso escolar ni el fracaso en la vida si no sembramos la cultura de la responsabilidad, del trabajo bien hecho,  del vencimiento. Niños y jóvenes deben comprender que estudiar y formarse supone esfuerzo, dedicar tiempo, salir de la pasividad, dejar de hacer otras cosas que parecen más placenteras.

 

Un comentario el “EDUCAR LA VOLUNTAD Y EL CARÁCTER

  1. NOE ANTONIO VILLASMIL
    6 de abril de 2013

    BUEN ARTICULO, DICEN QUE CADA NIÑO NACE CON UN TALENTO; DEBAJO DEL BRAZO. PERO SIN ESFUERZO, CONSTANCIA, TRABAJO ORGANIZADO, Y VOLUNTAD NO SE LOGRAN LAS METAS, NI INICIAN LAS GRANDES OBRAS. NI LOS CAMBIOS OCURREN.
    CABIMAS-ZULIA: 6-4-2013.

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Esta entrada fue publicada el 30 de marzo de 2013 por en Artículos de Prensa.
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