Antonio Pérez Esclarín

Dios en mi secuestro

Dios en mi secuestroAsí se titula el libro escrito por Germán García Velutini, en el que nos narra la dura experiencia de  su secuestro durante once largos  meses.  Pero más que un recuento minucioso de sus sufrimientos, angustias y miedos, el libro es un profundo testimonio de fe  en el Dios de la Vida y del Amor,   que le mantuvo con fuerza y esperanza en medio del  dolor  y la incertidumbre.

El 25 de febrero de 2009, miércoles de ceniza, Germán salía de su trabajo en Vencred en Caracas.  Al tomar el desvío que le llevaría a la Cota Mil, cuatro hombres encapuchados,  vestidos con ropas que semejaban uniformes institucionales, le tocaron la ventana del carro diciéndole que era una alcabala. Cuando abrió la puerta, lo encañonaron y  lo metieron a la fuerza en una camioneta.

En  la operación, que fue ejecutada con rapidez y precisión de profesionales,   perdió sus anteojos lo que ahondaría su  tormento pues la vista de Germán es muy limitada. En la camioneta lo encapucharon y lo durmieron con una inyección. Despertó sobre un colchón amarillo en una celda de dos metros de largo por un metro ochenta de ancho, sin ventanas,  con un extractor de aire en la pared cerca del techo y una puerta con una rendija, por donde le metían la comida. Dos cámaras de circuito cerrado en extremos opuestos lo vigilaban en todo momento.

Un bombillo amarillo para la noche y otro blanco para el día, le permitían conocer la sucesión del tiempo y el lento caminar de los  días. Había también un tobo para lavarse y otro para hacer sus necesidades. Un permanente fondo musical ahogaba los posibles  ruidos de afuera.  Durante los once meses  y nueve días de su cautiverio no vio nunca nadie, ni habló con nadie. Cuando tocaban a la puerta debía ponerse una capucha enteriza y ponerse contra la pared con las manos en la cabeza.  Sólo cuando volvían a tocar la puerta indicándole que se habían ido, podía voltearse y quitarse la capucha. Le dejaban unas preguntas o comunicaciones por escrito que  él debía responder del mismo modo. Le sorprendió a Germán que los textos estaban muy  bien escritos y que nunca consiguió una sola falta de ortografía, lo que refuerza la idea de que los secuestradores eran profesionales.

Junto a la incertidumbre  de su futuro y la angustia de no saber nada de su familia, lo que más dolor y depresión le ocasionó a Germán en los primeros días fue  la terrible humillación de sentirse una mercancía, algo que iba a ser intercambiado por una cantidad de dinero: “Si al menos el secuestro respondiera a una pelea por ideales, por creencias…pero todo terminaba en una simple transacción monetaria”.

A los pocos días de su secuestro, pidió una biblia y desde el momento en que se la trajeron, encontró en la Palabra un  refugio en su soledad. Si le habían prohibido hablar, lo haría  intensamente con Dios, le abriría sus temores y angustias, le pediría fortaleza y paz:”Rezo y pido a Dios su ayuda bajo el ruido incesante de la música; lo hago en silencio interior y descubro que Dios, en esa tremenda soledad y carencia de  todo lo humano, me habla; siento que me pide que me deje guiar por Él, que nuestra Madre sería mi compañera y protectora. Que ponga mi fe y esperanza en Él y acepte su voluntad”.

Desde esos momentos, Dios y la Virgen compartieron su secuestro, lo acompañaron siempre, fortalecieron su espíritu y hasta le trajeron una enorme paz y a ratos, una insospechada  felicidad, lo que nos evidencia la hondura espiritual e incluso mística de Germán: “En algunos momentos, en esa calurosa y pequeña cárcel, sentía una felicidad y una razón de ser que hasta remordimiento me daba por el sufrimiento de las personas que estaban esperando mi regreso”.

El 3 de febrero de 2010, tras el pago de rescate, le cortaron el cabello, lo afeitaron,  le devolvieron la ropa que llevaba el día del secuestro, lo inyectaron de nuevo para dormirle y despertó en un banco del Parque del Este. Volvió a la libertad, a la familia, al amor y al trabajo como directivo del banco Venezolano de Crédito,  con el espíritu más fortalecido y  la decisión de ahondar su trabajo voluntario  con Fe y Alegría, muy convencido de que la educación es el medio fundamental para abatir la pobreza y acabar con la violencia.

El libro de Germán nos asoma a una profunda robustez espiritual, capaz incluso de perdonar a sus secuestradores. En estos días debería ser una lectura obligada.

Un comentario el “Dios en mi secuestro

  1. RUBEN FERRER
    24 de enero de 2015

    que dificil encontrarse en esa situacion pero dios nunca abandona ha sus hijos dios quiera q ningun ser humano pase esa situacion q ud paso q el señor lo siga protejiendo saludos RUBEN FERRER

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Esta entrada fue publicada el 17 de marzo de 2013 por en Artículos de Prensa.
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