Antonio Pérez Esclarín

BOLÍVAR Y LA EDUCACIÓN II

Bolivar educacion 2Un segundo elemento que quiero abordar de las ideas educativas de Bolívar, por tener especial vigencia en nuestros días, es su profunda convicción de que el problema educativo no es tanto un problema de instrucción, como de moralidad, de formación de la conciencia. Por ello, por estar convencido de que no bastaban las luces, pues el talento se puede utilizar para enriquecerse egoístamente o incluso para oprimir a los demás o justificar y mantener un mundo de ambiciones e injusticias, concluyó con esta frase lapidaria: “El talento sin moralidad es un azote”. De ahí su prédica insistente en la necesidad de practicar las buenas costumbres, de sembrar la justicia y el respeto en la base de la libertad. Estaba tan convencido de que “sin moral republicana no puede haber gobierno libre”, que su mano no tembló para decretar la pena de muerte contra los defraudadores de la renta pública, los malversadores de los fondos públicos, y los jueces complacientes.

Por supuesto que me opongo radicalmente a toda pena de muerte,  y aquí tenemos un ejemplo de cómo no podemos trasladar a nuestro tiempo sin más las palabras o escritos de Bolívar. Pero no hay nada que resulte más antibolivariano que  la  impunidad,    y la permisividad y complacencia de algunas instituciones del Gobierno con los señalados  como corruptos, sobre todo si son del bando  oficialista.   Es increíble que Venezuela aparezca como uno de los países más corruptos del mundo y, más allá de la retórica y los llamados a acabar con ella,  no haya políticas eficaces para combatir la corrupción.

“Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, clamó Bolívar en Angostura. Hoy, a casi doscientos años de ese famoso discurso,  moral y luces siguen siendo nuestras principales y más urgentes necesidades. Luces y moral: Educación de calidad para todos,  orientada al desarrollo integral y ético de la persona, a la construcción de genuinas democracias, donde todos podamos ejercer nuestros derechos y cumplamos responsablemente con nuestra obligaciones pues ciertamente hoy experimentamos con crudeza que el talento sin moralidad es un azote y que la ciencia sin conciencia es la ruina del alma. Educación como proyecto de país, donde toda la sociedad asuma   su responsabilidad  educativa. Es a la sociedad entera, no sólo a los maestros y profesores, a quien le toca señalar el rumbo de la educación y subsanar sus graves deficiencias. Se trata, en definitiva, de que todos nos vayamos constituyendo en educadores y educandos: dispuestos a aportar lo que sabemos y somos, dispuestos a seguir aprendiendo siempre y preocupados por cambiar en lo que debemos.

Para ello, es imprescindible, entre otras cosas,  que los padres asuman su papel de primeros y principales educadores, pues la familia es la escuela de valores –o antivalores- más importante,  y que el Gobierno, como Maestro,  se esfuerce por dar ejemplo de valores como respeto, honradez, honestidad, amabilidad, inclusión, tolerancia,  que les pide cultivar a los educadores, y que aparecen en la Constitución y en la  Ley Orgánica de Educación.

 No quiero concluir mis reflexiones sin una breve referencia del pensamiento de Bolívar sobre los maestros. Nadie  mejor que él para hablarle al magisterio, dado que experimentó en la práctica la noble misión del genuino educador como formador de personas libres y generosas: “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso”, le escribió a su maestro Simón Rodríguez, lo que evidencia que comprendió perfectamente lo que significa realmente educar.

 La pluma de Bolívar prodigó numerosos elogios a los auténticos educadores, cuya misión es la más noble de todas: “formar el espíritu y el corazón de la juventud”. En consecuencia, Bolívar daba más importancia a las buenas costumbres del maestro, a que fuera un ejemplo de vida, que a sus títulos y estudios. El educador debe ser, según Bolívar, “más que sabio, un hombre distinguido por su educación, por la pureza de sus costumbres, por la naturalidad de sus modales, jovial, accesible, dócil, franco, en fin, en quien se encuentre mucho que imitar y poco que corregir”.

 

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Esta entrada fue publicada en 24 de enero de 2013 por en Artículos de Prensa y etiquetada con , .
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