Antonio Pérez Esclarín

La Educación Popular

EducarHablar de Educación Popular tiene una enorme resonancia en el corazón de América Latina y supone  entroncarse con una serie de movimientos educativos con claras intenciones de transformación social.  La Educación Popular  no se define por sus modalidades (educación  no formal versus  educación formal) o sus destinatarios (los pobres, los campesinos, los indígenas, los excluidos) sino por su  intencionalidad transformadora.  Frente a las tendencias que quieren convertir a la educación en un mero medio para domesticar  a las nuevas generaciones preparándolas  no para transformar la realidad, sino para insertarse o  adaptarse a ella, lo que implica aceptar las terribles desigualdades y la inhumanidad e injusticia del mundo en que vivimos,  la Educación Popular apuesta por recuperar y fomentar  el potencial transformador de cada persona como sujeto de su historia y de la historia.

Educación que prepare a las personas, comunidades y naciones, ya no para acomodarse a los cambios, sino para orientarlos a favor de un proyecto de construcción de otro mundo posible en el que prevalezca la justicia, la inclusión, la dignidad, la democracia, el respeto a la diversidad y la paz. Educación  orientada    no meramente a formar  los profesionales que el mercado requiere sino  los seres humanos que necesita  una  sociedad libre y profundamente democrática. Armados de una ciencia profundamente humanista y de una conciencia social y espiritual  que les permita transformar creativamente su entorno hacia verdaderas metas de desarrollo humano sustentable

La Educación Popular es , en definitiva, una concepción “Educativa Humanizadora”, cuyo centro es la persona y no el mercado, el dinero, el prestigio o el poder.  No se trata meramente de trabajar “por el pueblo”, sino “con y para el pueblo”, reafirmando y asumiendo sus valores y su vocación de sujetos y constructores de la historia. La Educación Popular surge de la vida del mismo pueblo, de sus saberes, valores y experiencias, de su capacidad de lucha, celebración y resistencia. Se orienta, en definitiva, a formar personas solidarias y ciudadanos responsables, capaces de imaginar un modelo de sociedad distinto, y de comprometerse en su construcción. Es una educación que defiende la vocación histórica de cada hombre y de cada mujer como artífices de futuro, el valor humano y cristiano de la utopía, que impulsa a superar el egoísmo y salir de la mediocridad, y a comprometerse en la búsqueda de formas de vida cada vez más humanas.

La Educación Popular como Educación Liberadora

Podríamos afirmar que la Educación Popular nace en la década de los 60 y se enraíza en las propuestas de la Educación Liberadora de Paulo Freire. Frente a la educación bancaria,  acrítica, domesticadora, educación para la sumisión, el pedagogo brasileño propone una práctica educativa problematizadora o concientizadora, que ayude al educando a superar la dominación que sufre y lo haga sujeto de su historia y de la historia. En la educación tradicional el educador es el que sabe y por ello deposita su saber en las mentes de los educandos. No hay comunicación, sino meros comunicados del educador que el educando deberá repetir lo más fielmente posible. Frente a esto, la Educación Liberadora opta por una pedagogía del diálogo, que nace de una matriz crítica y genera criticidad. El diálogo se nutre del amor, de la humildad, de la esperanza, de la fe, de la confianza entre educador y educando, pues es imposible dialogar si uno cree que tiene toda la verdad. Ya no se trata de depositar conocimientos en los educandos, sino de dialogar con ellos y “pronunciar juntos el mundo”. En definitiva, La Educación Liberadora se orienta a desarrollar, mediante procesos dialógicos, comunicativos y de negociación cultural, la capacidad de leer la realidad, decir la propia palabra y escribir la historia de la liberación personal y comunitaria.

La propuesta de la Educación Liberadora cobró  un gran impulso en toda América Latina, cuando la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana, reunida en Medellín, Colombia (1968), en línea con el espíritu renovador de la Iglesia Católica iniciado con el Concilio Vaticano Segundo (1962-1965), asumió las ideas de Paulo Freire, las hizo suyas y promovió muy ampliamente.

En su reunión de Medellín, los obispos latinoamericanos se esforzaron por leer la realidad del continente a la luz de la fe y concluyeron que “el Episcopado Latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina, que mantienen a la mayoría de nuestros pueblos en una dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana miseria… Los obispos queremos acercarnos cada vez con más sencillez y sincera fraternidad a los pobres, haciendo posible y acogedor su acceso a nosotros” (Medellín XIV, 141).

Los obispos comprendieron que la opción por los pobres, para ser eficaz, tenía que incluir la opción por los medios que les permitieran  salir de su pobreza. Y aquí fue donde descubrieron el potencial liberador de las ideas educativas que promovía Paulo Freire, y que los obispos latinoamericanos harían suyas. Según el documento final de Medellín, la ignorancia es una servidumbre inhumana y una de las causas principales que mantienen a la gente en la miseria. Había, en consecuencia,  que promover con urgencia una educación que ayudara a liberar a las personas del fanatismo, el fatalismo y la pasividad que les mantenían hundidos en su penosa situación.

Una educación para la liberación y no para la sumisión.   Por ello,  la tarea educativa no podía consistir  en incorporar a las personas a las estructuras culturales y sociales existentes, sino, más bien, tender a que ellas, como autores de su propio desarrollo, fueran  capaces de crear unas relaciones y una sociedad más humanas:  “Nuestra reflexión sobre  este panorama, nos conduce a proponer una visión de la educación, más conforme con el desarrollo integral que propugnamos para nuestro Continente; la llamaríamos la educación liberadora; esto es, la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo. La educación es efectivamente el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas, teniendo en cuenta que el hombre es responsable y el artífice principal de su éxito o fracaso. Para ello, la educación en todos sus niveles debe llegar a ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de sociedad que buscamos en América Latina”. (Medellín, IV, 8).

A partir de Medellín, la Educación Liberadora se ligó muy fuertemente a los grupos cristianos comprometidos, que se esforzaron por llevar la educación a aquellos grupos marginados donde no llegaba el Estado. Fueron numerosas las Congregaciones Religiosas y grupos de cristianos comprometidos que se fueron a los barrios y caseríos a vivir junto al pueblo su compromiso cristiano de servicio a los más necesitados. Las ideas de la Educación Liberadora se propagaron con fuerza. . Como respuesta,  se  radicalizaron  las políticas de Seguridad Nacional, y el continente latinoamericano  se fue llenando de dictaduras que impusieron mediante una feroz represión un proyecto político y económico en contra de los intereses populares.

En 1979, se realizó la Tercera Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Puebla de los Angeles (México). A pesar de que las políticas represivas se habían adueñado de la mayor parte del continente latinoamericano y los regímenes autoritarios miraban con sospecha la Educación Liberadora, el Documento de Puebla mantuvo e incluso impulsó con más fuerza las ideas  propuestas por Medellín: “Volvemos a tomar, con renovada esperanza en la fuerza vivificante del Espíritu, la posición de la II Conferencia General que hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los más pobres…Afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral”  (Puebla, 1135).

Ante la creciente represión que imperaba prácticamente en casi toda Latinoamérica,  la Educación Liberadora se encontró con los grupos de resistencia, se comprometió con las víctimas de la represión (organizadas o no), se hizo popular. A partir de 1981, se fue imponiendo el nombre de Educación Popular, sobre el de Liberadora. Dado que el marxismo contaba con una teoría que explicaba la pobreza, la dependencia y la dominación, la Educación Popular se acercó al marxismo, pero lo hizo desde la corriente althusseriana, que consideraba la educación como aparato ideológico del Estado opresor, al servicio de las clases dominantes. En consecuencia, por esos años hubo un desencuentro entre la educación formal y la Educación Popular que se expresaba fundamentalmente en experiencias sociales de alfabetización,  programas comunitarios de salud, cooperativas, grupos culturales…

En este período, la Educación Popular se politizó e ideologizó mucho, se pretendió utilizar la educación para un determinado proyecto político, se puso énfasis en la conciencia de clase y en la toma del poder, el catecismo de los manuales sustituyó la reflexión y el análisis, se fue abandonando la dimensión pedagógica o se creyó que la pedagogía se limitaba meramente a la utilización de técnicas participativas.

Ante la constatación de la ausencia de resultados políticos y sociales, algunos educadores populares iniciaron ya hacia 1985 un serio cuestionamiento y autocrítica que iba a originar  una seria crisis en la Educación Popular, crisis que se profundizó y amplió con la caída del Muro de Berlín, el colapso de los socialismos reales y el triunfo hegemónico del neoliberalismo. Se empezaron a reconocer los errores de una excesiva ideologización que, en nombre de los relatos y propuestas liberadoras, era incapaz de descubrir y enfrentar prácticas de dominación y sumisión en las relaciones cotidianas. Se descubrió la incoherencia de confundir proclamas y deseos con prácticas,  de sustituir la pedagogía por la ideología. Por ello, poco a poco fue ganando terreno el llamado a refundar,  refundamentar o reconceptualizar la Educación Popular y a iniciar procesos de deconstrucción de teorías y prácticas para detectar y superar los elementos que amparan desigualdades y actitudes de dominación.  La Educación Popular dejó de considerar que tenía el monopolio de la verdad, fue abandonando la línea dogmática y manualista,  se dejó cuestionar y enriquecer con  los aportes de distintas ciencias sociales (la sociología, la sicología, la antropología…), entró en diálogo con las corrientes de la pedagogía crítica, fue retomando su esencia como una práctica liberadora y humanizadora  y, al volver los ojos a la pedagogía, se fue acercando al mundo de la escuela.

Si miramos hoy la realidad de nuestros países con los ojos de los pobres y excluidos, vemos que las opciones fundamentales y los elementos constitutivos de la Educación Popular Liberadora siguen más vigentes que nunca.  La pobreza y la exclusión se han extendido y profundizado en nuestros países y en el mundo, y con ello, la necesidad de construir una sociedad  en la todos podamos vivir con dignidad. Por otra parte, nunca como hoy , en la llamada sociedad del conocimiento, se le ha dado tanta importancia a la educación, que se considera el elemento clave para incrementar la productividad, abatir la pobreza y lograr un desarrollo sustentable.  De ahí la importancia de volver a asumir  en serio, pero desideologizados,  los principios esenciales de la Educación Popular Liberadora, que no sólo nos van a exigir optar por los pobres, marginados  y excluidos, por los perdedores en esta carrera implacable de la competitividad, por los que sufren cualquier tipo de discriminación; sino que nos va a exigir también la gestación de una propuesta educativa que los haga sujetos autónomos, personas solidarias  y ciudadanos responsables

La Educación Popular Liberadora como propuesta ética, política y pedagógica.

La Educación Popular Liberadora implica una opción ética, política y pedagógica para transformar la actual sociedad. El punto de partida es el convencimiento de que la actual sociedad necesita ser transformada. De ahí que la Educación Popular Liberadora plantea una opción ética: si no estamos convencidos de la necesidad de transformar la sociedad y de cimentarla sobre valores radicalmente distintos, como la defensa de la vida, la cooperación y la solidaridad, no podremos hacer Educación Popular Liberadora.

La transformación de la sociedad y la opción ética es con y desde los pobres y excluidos. Por ello, la pedagogía se dirige a dotarlos de un pensamiento y un conocimiento crítico alternativo, que les confiera el poder para ser sujetos de esa transformación que reordene la sociedad con miras al bien común universal,  y a la satisfacción de las necesidades vitales de todos los seres humanos  en un mundo donde quepamos y participemos todos.

La raíz fundamental de la propuesta política y pedagógica está en la ética. Si reconocemos y aceptamos  que todos los hombres y mujeres somos únicos e irrepetibles, esencialmente iguales, portadores de valores, con una misión a realizar en la vida,  debemos oponernos a todas las formas de dominación y discriminación, y rechazar una sociedad que excluye y niega la vida a las mayorías. Por eso, optamos por esas mayorías, cada vez más despojadas de vida y de dignidad, y con ellas, como protagonistas y sujetos históricos,  nos comprometemos a transformar la sociedad, a ir transformando nuestras prácticas y relaciones cotidianas,  y a irnos transformando nosotros, pues somos muy conscientes de que sólo en la medida en que nos esforcemos por ser hombres y mujeres nuevos, por encarnar en nuestras vidas y prácticas los valores que proclamamos, estaremos contribuyendo a gestar la nueva sociedad. 

Sociedad que hoy visualizamos como profundamente democrática y participativa, de verdaderos ciudadanos con voz y con poder. Sociedad que rechaza el autoritarismo y combate la pobreza, la miseria y la ignorancia como atentados contra la humanidad, y como impedimentos esenciales para el ejercicio de la ciudadanía y para un desarrollo sustentable. La genuina democracia , supone una confianza radical en los seres humanos, y se afianza en el sentido de la igualdad personal y colectiva. Ni dictaduras, ni populismos, ni democracias  meramente formales  creen en el ser humano, en su capacidad de construir el mundo. Pero la igualdad debe traducirse en participación real y efectiva. La igualdad es un punto de partida y de llegada: porque afirmamos la igualdad esencial de todos los seres humanos, trabajamos por una sociedad sin excluidos, que permita a todos y cada uno aportar desde sus diferencias. La opción por los pobres y excluidos se traduce en una lucha tenaz y perseverante contra la pobreza y la exclusión y contra las causas históricas y estructurales que las causan y mantienen.

En consecuencia, la Educación Popular Liberadora opta por una pedagogía y una metodología coherentes con la opción ética y política. Pedagogía para la transformación y no para la adaptación, que parte del saber y la cultura de los educandos y se orienta a empoderarlos, es decir, capacitarlos de voz y de poder, para hacerlos sujetos de la transformación de sus condiciones de vida. La miseria y la exclusión están ligadas, en definitiva, a la falta de voz y de poder de los grupos populares. Un pueblo ignorante o superficialmente educado será siempre víctima de liderazgos enfermizos, y vivirá en la espera de mesianismos salvadores y bajo la amenaza de fanatismos que proliferarán en mil formas de intolerancia. La pedagogía popular, como con tanta insistencia lo repetía Paulo Freire, se sustenta en un aprendizaje dialógico (“nadie ignora todo, nadie sabe todo”), que permite a los sujetos descubrirse a sí mismos y tomar conciencia del mundo que les rodea.

El diálogo de saberes o, mejor, diálogo cultural, se constituye en el método de la Educación Popular Liberadora. Pero el diálogo requiere de una serie de condiciones: fe en el otro, a quien se considera portador de saber y capaz de aprender y de enseñar; esperanza de que es posible cambiar y mejorar la realidad; y amor, para involucrarse en una relación afectiva con el otro pues (Cendales, 2000), “el diálogo es algo más que intercambio de saberes…

El diálogo no es sólo sobre algo, sino fundamentalmente con alguien; por esto, no puede reducirse a una actividad  racional.  El diálogo va más allá de la mera conversación y supone un proceso de investigación. No es posible entrar en un verdadero diálogo sin investigar. La investigación empieza con la selección del tema de aprendizaje, que debe ser cercano al mundo de los educandos, y continúa como investigación de su mentalidad, para explicitar sus saberes e intereses, lo que va a posibilitar entrar en un proceso de negociación, para precisar hasta dónde pueden avanzar, y ayudarles a pasar de un estadio a otro posible, dentro de lo que Vygotski ha llamado “zona del desarrollo próximo”. Es evidente que si proponemos aprendizajes distantes del mundo cultural y de los saberes previos de los educandos, va a ser imposible que los comprendan y asimilen.

Este diálogo de saberes o diálogo cultural, método de la Educación Popular Liberadora, se ha ido enriqueciendo en los últimos años con los aportes de diferentes ciencias sociales: la sicología, por ejemplo, ha contribuido a hacernos comprender  que el conocimiento no se transmite, sino que se construye; la sociología nos ha enseñado que los saberes sólo son verdaderos cuando inciden en la vida cotidiana, y que las creencias, conocimientos y valores se construyen en el contexto cultural y social de cada uno; la antropología nos dice que no hay culturas inferiores, sino diferentes, y que el hecho educativo es siempre una relación entre diferentes; y las teorías de la comunicación nos demuestran que todos interpretamos la nueva información a partir de lo que somos y sabemos .

El diálogo se opone por igual a todo tipo de autoritarismo de los que, por creerse poseedores de la vedad, acaparan la palabra y la transmiten e imponen para que sea repetida; y a las diferentes formas de populismo y mesianismo que, hablando supuestamente en nombre del pueblo, le impiden expresar su propia voz y desarrollarse como sujetos autóno

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 10 de diciembre de 2012 por en Conferencias y etiquetada con .
A %d blogueros les gusta esto: