Antonio Pérez Esclarín

Homenaje a los indígenas

Estamos celebrando un nuevo 12 de Octubre: Día del Descubrimiento, de la Conquista y Genocidio, de la Resistencia, del Encuentro…Elijan el nombre que más les guste…Ocasión extraordinaria para la retórica, para los discursos inflados,  para las promesas, mientras numerosos indígenas siguen mendigando en los semáforos. Por ello, yo sólo quiero en estas   líneas brindarles mi sencillo homenaje  y mi profundo agradecimiento por lo mucho que he aprendido  de ellos.

En Pisikakao, al pie de las cimas más altas de la Sierra de Perijá, los Yukpa me enseñaron en una noche helada el calor de la entrega desinteresada. Una lluvia sin clemencia metía puñaladas de frío en nuestros huesos. Sólo uno de los ranchos tenía unas míseras paredes de palos amontonados que guarecían algo de la lluvia. Y cuando esta se hizo más pertinaz, lo desocuparon los Yukpa que dormían allí para que nosotros, unos excursionistas desconocidos, lo ocupáramos.

Más abajo, en plena selva, aprendí de los Barí (mal llamados motilones) que es posible la fraternidad y la autoridad como servicio. Entre los Barí, el poder no otorga privilegios, sino mayores responsabilidades. Numerosas veces pude comprobar cómo, en las reparticiones comunitarias,  el Jefe se quedaba con lo peor. Es jefe quien puede velar mejor por los demás,  quien garantiza que los más débiles sean los más cuidados y queridos. Por eso son tan mimados los niños y los enfermos.

 Y cuentan los Barí que después que Sabaseba (Dios) formó a los primeros hombres (los Seimadoyi) con la pulpa dulce de la piña, y les enseñó a cuidarse y a quererse, como todo estaba oscuro, invitó a los Barí a que le ayudaran a formar el sol, para que pudieran tener luz y calor. Les dijo que salieran a la selva, recogieran plumas de pájaros, hicieran con ellas una corona, y se la pusieran para ver si alumbraban. Lo hicieron pero no alumbraban. Entonces, un Barí enfermo, de piel amarillenta, recogió las plumas más hermosas, hizo una corona, se la puso y alumbró.

 -Tú serás Ñandou (sol) –le dijo Sabaseba y lo llevó hacia el Oriente y le indicó el camino de la vida por el cielo. Todas las mañanas, Ñandou se levanta, agarra su corona y mientras desayuna, la coloca sobre una mesa: es el amanecer. Luego,  se la pone y empieza su largo camino hacia la noche.

 Muchas cosas podría contar de mis vivencias con los Kariña de Anzoátegui, los Warao del Delta del Orinoco, los Panare de Caicara, los Piaroa de Amazonas, los Yanomami del Alto Orinoco, los Añú (Paraujanos)  de Sinamaica. Pero quiero cerrar estas líneas con un recuerdo especial a los Yekuana (Maquiritares)  del Alto Ventuari, con los que construí una profunda fraternidad en la expedición al Marahuaka.

De ellos aprendí muchas cosas. Lo más importante, tal vez, que no existe la muerte: “La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando. Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se  sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio. La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de las ganas de nacer. Soñaban que, en el sueño de Dios, la alegría era más fuerte que la duda y el misterio. Y Dios, soñando, los criaba y cantando decía:

 -Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer porque la muerte es mentira.

 Algo semejante me enseñaron mis hermanos Wayúu, los Guajiros. Cuando muere un guajiro, va a Jepira, el Cabo de La Vela.  Se transforma en espíritu, que se comunica con sus parientes y amigos por medio de los sueños. Pasado un tiempo, vuelve a morir, pero, si ha sido bueno, renace como Juya, lluvia, que vuelve a dar vida a sus hermanos y reiniciar el inacabable proceso de la existencia.  Por eso, las lluvias vienen siempre de Jepira y los guajiros sueñan con sus antepasados cuando va a llover.

Un comentario el “Homenaje a los indígenas

  1. Noe Villasmil
    15 de octubre de 2012

    EL MERITO MAS GRANDE DE LA POBLACION INDIGENA SON SUS VALORES FAMILIARES, COMUNITARIOS, Y LA PRESERVACION DEL AMBIENTE NATURAL. ESTOS VALORES LOS ESTAMOS PERDIENDO, AL DAR MAS IMPORTANCIA A LA CIENCIA Y LA TECNOLOGIA ,ORIGINANDO LA DESHUMANIZACION DEL HOMBRE. L-15/10/2012.

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Esta entrada fue publicada en 12 de octubre de 2012 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
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