Antonio Pérez Esclarín

Tiempo de reconciliación

La grandeza de un político  se demuestra  en la hidalguía con que acepta  las derrotas y en la humildad y benevolencia con que asume las victorias. Esperamos que el Presidente reelecto sepa interpretar lo que el domingo sucedió en Venezuela y no siga  considerando como traidores, apátridas, agentes del imperio a más de seis millones de electores, que ejercieron también  con responsabilidad y gran civismo su derecho a soñar un país distinto. ¿Quién puede determinar quiénes aman más a Venezuela?  ¡Esperamos que queden atrás definitivamente los insultos y las descalificaciones!  Es tiempo para el reencuentro, la reconciliación, y el trabajo compartido para resolver los grandes problemas que, después de las elecciones, siguen tan vigentes como antes.   

En Venezuela, necesitamos con urgencia recuperar una mirada cariñosa e inclusiva para vernos como conciudadanos y hermanos y no como rivales o enemigos. Al enemigo se le destruye con violencia. Al hermano se le acepta con cariño a pesar de la diversidad y las diferencias.  La genuina democracia es un poema de la diversidad y no sólo tolera, sino que celebra que seamos diferentes. Diferentes pero iguales. Precisamente porque todos somos iguales, todos tenemos  derecho a ser, pensar y decidir  de un modo diferente dentro, por supuesto, de las normas de la convivencia que regulan los derechos humanos y los marcos constitucionales.

Es tiempo para trabajar juntos, sin descalificaciones ni exclusiones,  para superar  los graves problemas que tenemos en Venezuela, entre ellos el de la  pobreza,  la corrupción, el clientelismo,  la inseguridad, la violencia y la ineficiencia. Son tiempos para,  sin claudicar de las grandes utopías de buscar con empeño un mundo mejor y seguir denunciando la creciente insensibilidad y deshumanización de los países privilegiados y los grupos poderosos,   emprender las micro revoluciones  urgentes y necesarias que nos resuelvan los gravísimos  problemas de la cotidianidad.

No podemos  seguir proclamando la revolución universal ni considerarnos modelo de la nueva sociedad,  si no somos capaces de recoger la basura, si nuestras calles y carreteras parecen recién salidas de un bombardeo, si tenemos miedo de salir a la calle y ser atracados o asesinados, si  gran parte de nuestros hermanos viven en condiciones inhumanas, si las cárceles son centros de deshumanización y universidades del delito,  si seguimos pegados a la teta petrolera y no asumimos el trabajo productivo y responsable como medio esencial de producir riqueza y de garantizar a todos unas condiciones de vida digna en vivienda, alimentación, educación, salud, recreación…, como factores esenciales para la convivencia pacífica. La paz verdadera se asienta sobre las bases de la justicia.  Esto nos obliga a trabajar con mayor radicalidad y responsabilidad  para acabar con todo tipo de discriminación, corrupción, exclusión e injusticia.

Todos debemos comprometernos a  superar de una vez las ofensas, el maltrato y el rencor. El amor a Venezuela, si real, se debe traducir en unidad en la diversidad, y en trabajo solidario  para que nuestros pueblos y  ciudades sean bellos y seguros, para que todos los niños y jóvenes disfruten de una educación de verdadera calidad, para que enfermarse  no sea una tragedia, para que la inflación no devore los salarios,  para que el agua llegue a todas las casas, para que no haya apagones, para que las instituciones funcionen, resuelvan problemas y traten a todos los ciudadanos  por igual,  para que todos los venezolanos  podamos vivir dignamente de nuestro trabajo y disfrutar de servicios eficientes. De nada sirve proclamar un gran  amor a Venezuela si  no se traduce en servicio  eficaz a todos los venezolanos, sin importar cómo piensan y cómo hayan votado. Si la verdadera democracia implica no sólo el gobierno de la mayoría sino también el respeto a la minoría, cuánto más en Venezuela donde las pasadas elecciones dejaron bien claro no sólo el civismo de la población y su  profunda vocación democrática, sino también que hay dos  grandes mayorías que deben aprender a convivir y a respetarse.

Un comentario el “Tiempo de reconciliación

  1. NOE ANTONIO VILLASMIL
    27 de octubre de 2012

    HAY QUE RESPETAR LA OPINION AJENA, A PESAR DE LAS DIFERENCIAS. NO A LAS AMENAZAS Y LAS INTIMIDADES POR LA FUERZA; DE UNA MAYORIA SOBRE LAS MINORIAS. EN LA UNION ESTA FUERZA, PARA RESOLVER NUESTROS PROBLEMAS. CABIMAS, 27/10/2012.

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Esta entrada fue publicada el 8 de octubre de 2012 por en Artículos de Prensa.
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