Antonio Pérez Esclarín

No botes tu voto

El Papa Pío XI escribió  que la política es la forma suprema de la caridad, y el Concilio Vaticano II llamó a la política “ese arte tan difícil y tan noble”. Es un arte difícil porque supone superar esa práctica habitual que ha degradado la política a mera politiquería, a retórica, negocio o espectáculo;  que utiliza el poder para lucrarse y aprovecharse de él, poder para  dominar y servirse del Estado y de los demás. La política auténtica entiende y asume  el poder  como un medio esencial para  servir, para  buscar, más allá de las aspiraciones individualistas o de grupo, el bien de toda la sociedad. 

Poder ya no para dominar, sino para empoderar, es decir, para potenciar a las personas, de modo que se constituyan en sujetos de sus propias vidas y en ciudadanos responsables y solidarios, fieles defensores de sus derechos y cumplidores celosos de sus obligaciones. Por ello, y siguiendo al Concilio Vaticano II, la política es también  un arte noble porque el servicio que está llamado a prestar es precisamente la búsqueda del bien común, que hace posible la paz, la concordia social y las relaciones fraternales entre todos.

En consecuencia, la política nos concierne a todos. Nadie, mucho menos un católico o cristiano en general,   puede vivir sin preocuparse y ocuparse  por la suerte de los demás, en especial de los más necesitados. La política, en consecuencia, es el ejercicio de un amor eficaz a los demás. Lleva en su propia entraña la dimensión ética, ya que nos exige considerar como propias las  necesidades de los demás, e implicarnos en su solución. 

Si la política se aparta del amor y olvida su raíz ética se convierte en mera politiquería, camino a la ambición,  al dinero fácil, a la corrupción, al poder por el poder mismo, a la utilización de lo público en beneficio propio o de los suyos,  al  dominio sobre los demás.  La politiquería no sólo degrada a los falsos políticos, sino que provoca un enorme daño a la sociedad entera pues imposibilita el bienestar general.  Si la política está guiada por el amor y se pone  al servicio de la sociedad es fuente de bienestar, encuentro y   vida. Degradada a mera politiquería es fuente de  destrucción, violencia, división y muerte.

La práctica de la verdadera política, como arte difícil y noble, exige  que los políticos sean muy honestos,  buenos negociadores,  respetuosos de todos y de las opiniones diversas, dispuestos a  servir siempre a la verdad.  Desgraciadamente hoy en día, donde lo común es disfrazar las ambiciones bajo el ropaje retórico del amor y del servicio, y donde la justicia está al servicio del poder, “la verdad sólo perjudica al que la dice”, como ya nos lo advirtió Quevedo.  

Se acerca el día en que elegiremos  presidente para los próximos seis años.  Es un día transcendental para el futuro de la Patria, es decir, para nuestro futuro y el de nuestros hijos y nuestros nietos.   El voto es un medio privilegiado de afirmar nuestra dimensión política y ejercer nuestra ciudadanía. Somos nosotros, los ciudadanos,  los dueños del poder  y, mediante el ejercicio del voto,  seleccionamos a alguien para que gobierne en nuestro nombre, cumpla y haga cumplir la  constitución y realice el proyecto de país que preferimos los electores. Todos debemos votar de un modo consciente y muy pensado, siendo fieles tan sólo a nuestra conciencia, y seleccionar  al candidato que, en nuestra opinión, representa lo mejor para el futuro de la Patria.

No votar es renunciar a la ciudadanía y dejar a los demás que elijan por ti. ¡No botes tu voto! Si no votas, no tienes luego derecho a quejarte o a reclamar. Por ello, el voto no puede ser un ejercicio irracional o a ciegas. No podemos votar movidos por la presión,  el miedo o  por intereses mezquinos y egoístas. Tampoco se trata de arrastrar a otros a que voten como nosotros queremos o les indicamos. Debe respetarse la soberanía de cada elector, insistiendo en que el voto es secreto, y que nadie puede ser censurado, excluido o perseguido por su voto. Al CNE le toca actuar como poder autónomo e independiente, sin dejarse amedrentar, chantajear o influir por nadie. No sólo debe ser justo, sino parecerlo, evitando cualquier actuación que pueda sembrar dudas en el electorado. Para garantizar la paz y la tranquilidad,  debe dar  lo antes posible los resultados que expresen la voluntad de los electores. Después de votar a conciencia y con valor,  tenemos que estar listos para defender nuestros votos y aceptar los resultados.

Un comentario el “No botes tu voto

  1. NOE VILLASMIL
    11 de octubre de 2012

    LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA SE BASA EN EL VOTO, A TRAVES DE EL PERFECIONAMOS EL SISTEMA. ELEGIMOS AL MEJOR HOMBRE, PARA CONDUCIR EL PAIS. SI LO HACE MAL, NO REVOCAMOS A TRAVES DEL VOTO. J-11/10/2012.

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Esta entrada fue publicada en 29 de septiembre de 2012 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
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