Antonio Pérez Esclarín

Respetar al árbitro

Los árbitros se ganan el respeto de los jugadores y del público en general, cuando  no se dejan presionar ni comprar, demuestran un comportamiento completamente imparcial y actúan ajustados al reglamento.  Todo el mundo acepta los resultados de un partido dirigido por árbitros honestos e imparciales, aunque los perdedores queden con el corazón destrozado. Pero si se evidencia una actuación parcializada, al dolor de la derrota se añade la rabia, la ira, y la desconfianza total en ese árbitro. 

Imaginen ustedes un partido de fútbol  entre un equipo que viste de rojo y un equipo que lleva los colores del arcoíris. El capitán de los rojos que es también el entrenador, vocero principal y que, además, se considera que es el único que sabe de fútbol y actúa como si fuera el dueño del balón, de la  cancha, y hasta de los jugadores y del público,  se la pasa insultando y ofendiendo en pleno partido al capitán  arcoiris, y a  sus jugadores y  seguidores. Junto a los insultos, los reta a que digan que van a reconocer  públicamente los resultados del partido que señalen los árbitros  como él jura que va a hacer.

Pero  los jugadores del equipo arcoíris y sus seguidores dicen que no sólo hay que respetar los resultados,  sino que hay que respetar también durante todo el partido  las reglas del juego, y alegan que el árbitro no es imparcial, que parece ciego para ver  faltas evidentes, algunas incluso merecedoras de tarjetas, que cometen los rojos. Llegan a decir que pareciera que es el capitán de los rojos quien determina qué es o no es falta, qué  se puede hacer o no se puede hacer en la cancha.

Cuando los arcoíris presentan a los árbitros evidencias incluso filmadas de las faltas, los árbitros las desestiman diciendo que no las vieron o que ese tipo de supuestas actuaciones abusivas no aparecen tipificadas como faltas en  su reglamento.  En cambio, el capitán de los arcoiris fue seriamente amonestado porque se le ocurrió saltar a la cancha con una gorra que supuestamente estaba prohibida. Como esa amonestación sólo logró publicidad para la gorra pues jugadores, simpatizantes  y público comenzaron a usarla masivamente, parecieron dejar  el asunto de ese tamaño,

En cierta ocasión, uno de los árbitros se atrevió a decirle al capitán de los rojos que él y su equipo estaban cometiendo faltas graves e irregularidades muy serias que, según su opinión, debían ser sancionadas, pero que no lo eran porque los demás árbitros imponían su mayoría y evitaban que fueran sancionadas.. El capitán  de los rojos montó en cólera, le exigió respeto, le dijo que no era digno de ser  árbitro y hasta asomó la amenaza de proceder judicialmente contra él. Todos los demás árbitros nunca se han atrevido a señalarle alguna falta al capitán de los  rojos y parecen temerle. Incluso algunos asoman la idea de que le deben a los rojos su puesto de árbitro.

A pesar de todos estos contratiempos y tropiezos,  el equipo  arcoíris sigue disputando el partido con gran  garra y combatividad,  ensayando jugadas osadas y muy creativas que llenan de entusiasmo a cada vez más público y que hacen suponer que, a pesar de los problemas, terminarán ganando el  partido.  El equipo rojo luce desgastado, envejecido, sin ideas nuevas, con la misma plantilla de siempre,  y sigue repitiendo promesas y jugadas que, en otros tiempos, le dieron muy buenos resultados, pero que los arcoíris han sabido descifrar y anular y que ya no entusiasman tanto al público. El capitán de los  rojos repite que si, en un supuesto negado,   llegaran a perder el partido, se acabaría el fútbol y el pueblo sencillo se quedaría sin  diversión y sin vida,  pues sólo su triunfo garantiza la  continuidad de todas las cosas buenas.

A todas estas, el partido está en pleno desarrollo. Quedan todavía unos  40 minutos de juego. La mayoría de los árbitros, aunque parecen  ciegos para ver  faltas evidentes,    repiten y repiten que  son completamente imparciales y que no se dejan ni se van a dejar presionar por nadie. Que ellos son garantía de un resultado justo que todos deberán respetar.

Por supuesto que todo esto es una mera historieta que no tiene nada que ver con lo que estamos viviendo. Hasta podría ser tal vez conveniente poner la típica coletilla de “Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”. ¿No lo creen  ustedes?

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Esta entrada fue publicada en 3 de septiembre de 2012 por en Artículos de Prensa y etiquetada con , .
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