Antonio Pérez Esclarín

35 años con Fe y Alegría

Celebrar 35 años en Fe y Alegría (más de la mitad de mi vida, y prácticamente toda mi vida productiva y profesional)  es para mí, en primer lugar,  una excelente oportunidad para agradecer y, en segundo lugar, una ocasión muy propicia para, desde la necesaria mirada hacia atrás, plantearnos cómo seguir hoy cada vez más fieles a esa Fe y Alegría que está cumpliendo 55 años y a la visión y sueños de su Fundador que en este año 2010 estaría cumpliendo sus cien años.

El agradecimiento por mi parte es muy justo y necesario. No sé si habré aportado algo al Movimiento, pero ciertamente es mucho más lo que he recibido de él. En Fe y Alegría gesté una familia y con Fe y Alegría me fui haciendo educador, maestro. Fe y Alegría ha sido una energía permanente, un espíritu que ha avivado mis mejores sueños y ha alimentado mi decisión de hacer de mi vida una semilla de vida, una ocasión para sembrar esperanzas comprometidas, para tocar las puertas de los corazones de las personas y animarles a plantearse la vida en serio, haciendo de ella un regalo para los demás. 

Porque ser maestro, educador, -y lo repito con frecuencia- es algo más sublime e importante que enseñar matemáticas, inglés, computación, electricidad o tecnología. Ser maestro es formar personas, cincelar corazones, ofrecer los ojos para que los alumnos se miren en ellos y se vean bellos y así puedan mirar la realidad sin miedo y mirar a los demás con mirada cariñosa que respeta e incluye, que tiende puentes, que siembra cercanía y fraternidad. Los educadores somos arquitectos de personas, parteros del alma, médicos de corazones heridos y rotos. Educar es, en definitiva, continuar la creación, ayudar a nacer ese hombre y esa mujer nuevos según el sueño de Dios cuando los creó.

Pero no quiero detenerme en lo mucho que he recibido ni en estas consideraciones tan repetidamente abordadas por mí, sino que quiero más bien  enfatizar las tareas y retos que tenemos por delante. La mirada hacia atrás, al pasado,  sólo tiene sentido si es “para agarrar impulso” y  para gestar el nuevo futuro, la nueva Fe y Alegría.  Les confieso que cuando recogí los testimonios para mi libro “Raíces de Fe y Alegría” quedé impactado por esa generosidad y osadía sin límites de muchas religiosas y maestras seglares, semillas fecundas de Fe y Alegría,  vanguardia de la iglesia popular,  que se fueron a vivir y a trabajar en  los barrios en condiciones de total penuria.

Fue en sus ojos cariñosos que muchos niños y adultos se asomaron por primera vez a la mirada tierna y misericordiosa  de un Dios cercano, maternal.  Las maestras de nuestros orígenes trabajaban doble turno, seis días a la semana, por un sueldo siempre inseguro y ciertamente muy inferior al de sus colegas de la educación oficial, y por supuesto, sin ningún beneficio social.  Y hasta sacaban tiempo para volver los domingos a la escuela a asistir con sus alumnos a la misa y en la tarde pasaban alguna película para recabar  fondos…Su fe y su entrega fueron fuentes de su alegría, e impresiona escucharlas cómo “se la jugaron por Fe y Alegría sin condiciones y sin titubeos”. Necesariamente, Fe y Alegría tenía que crecer vigorosa y fructificar fecunda al ser regada con tantos y tan fuertes chaparrones de mística y entrega.

Con motivo de celebrar este año el centenario del nacimiento del P. José María Vélaz, nuestro fundador, me adentré en sus escritos y en su vida para escribir un libro “Yo, José María Vélaz” que espero salga a la luz en este año. Quise acompañarlo literariamente   en su soledad del Masparro, con 75 años,  varios infartos encima, una operación a corazón abierto, y la recomendación de los médicos de que volviera a operarse pues tenía las venas taponadas.  Vivía en un cuartucho entre ratas, sacos de cemento, herramientas, sin luz, en un monte al  que, en época de lluvias,  no podían entrar ni los carros más valientes, alejado de toda comodidad y de todo rastro de civilización, pues el teléfono más cercano quedaba a 90 kilómetros. Lo despertaban los gruñidos de los monos araguatos y el griterío de las guacharacas.

Escribía sus cartas y documentos a mano, luchando contra las oleadas de  mosquitos y tratando de que el sudor no le mojara el papel y  le quedara pegado   al brazo. Así vivió sus últimos años y así murió nuestro fundador, pues quería con su ejemplo señalarnos el rumbo de Fe y Alegría, que si quería permanecer fiel a su identidad,  debía estar siempre dispuesta a ir a nuevas fronteras,  y asumir los retos de atreverse a renacer entre los más necesitados y a  empezar de la nada entre mil dificultades.   

Les confieso que el palpar de cerca estos ejemplos de generosidad, entrega, valor y osadía zarandeó profundamente  mi comodidad, mi vida facilona, y  mi propia cobardía. Y he comprendido que en el ejemplo de nuestros fundadores tenemos  señalado el camino a seguir. Por eso, en Fe y Alegría, tenemos que atrevernos a ser más radicales. Radical significa volver a las raíces. Lo cual no indica que debemos actuar como ellos o añorar los tiempos idos, sino que debemos volver a esas fuentes, a esas raíces donde ellos alimentaron su entrega y su coraje.  

Y las raíces que nos pueden seguir nutriendo están clavadas en nuestro nombre y en nuestro logo: Fe, Alegría y un corazón que en todas partes simboliza el amor. Fe en el Dios de Jesús, un Padre-Madre que nos ama sin condiciones, no porque seamos buenos, sino porque nos quiere. Dios no mira nuestros méritos, sino nuestras necesidades. Nos ama mucho más de lo que somos capaces de amarnos nosotros. Nos quiere y nos necesita para construir su proyecto de  un mundo más justo, más fraternal, de hermanos. Por eso, necesariamente la fe se convierte en esperanza y compromiso. Fe esperanzada y comprometida en las personas, en todas las personas, sobre todo en los más pobres y pequeños, que son los preferidos de Dios no porque sean mejores, sino porque son más necesitados. Por ello, en consecuencia, deben ser también nuestros preferidos.

Fe esperanzada y comprometida  en Venezuela, este país bendito, lleno de encantos y prodigios, que Dios lo creó en una tarde que estaba especialmente feliz y lo dejó en nuestras manos para que sigamos recreándolo, humanizándolo, haciéndolo cada vez más justo y fraternal.

Fe esperanzada y comprometida en la educación, como medio para transformar el país y el mundo, para construir el reino, la civilización del amor. El objetivo de Fe y Alegría no es abrir y mantener escuelas,  emisoras, institutos universitarios, centros de capacitación laboral…Eso son sólo instrumentos para construir la nueva sociedad, para hacer eficaz nuestra respuesta de amor a los hermanos. Pero sólo contribuiremos de verdad a transformar la sociedad, si nos transformamos nosotros, si transformamos nuestros valores, nuestras estructuras, nuestro estilo de actuar y proceder.

Por ello, hoy quiero proponerles que volvamos con mayor radicalidad al reto que vocea la segunda palabra que nos da nombre: la Alegría. En Fe y Alegría hemos reflexionado bastante sobre la Fe, pero muy poco sobre la Alegría. Tenemos que intentar crear un nuevo concepto de alegría, en este mundo  que la busca en el tener, en el prestigio, en el  poder, en el placer, y que por ello causa y sufre de tanta soledad, tanta violencia, tanto aburrimiento. El reto es construir un clima de alegría y de felicidad según las Bienaventuranzas, el camino a la felicidad que nos propone Jesús. Hoy, la alegría profunda, que mana del corazón, del compromiso y de la entrega  es subversiva.

Nuestros centros y programas deben reflejar la verdadera alegría que se expresa en un estilo festivo,  sencillo, austero;  en un compañerismo cercano y positivo, donde todos nos sentimos valorados, apoyados y queridos, donde los que tienen poder lo utilizan sobre todo para empoderar, para hacer surgir a los demás;  donde se vive en un ambiente de estímulo, de osadía, de entrega, de generosidad, de compromiso,  de audacia. Alegría que combate  todo lo que ocasiona tristeza,  dolor, desánimo, pesimismo… Por ello, evita toda palabra o actitud desmotivadora, ofensiva, que siembra angustia o zozobra en el alma,  que impide crecer y liberarse, que crea dependencia o sumisión, que construye prejuicios, barreras, desunión.

Repetimos que nuestro objetivo es transformar la sociedad, pero será mera retórica o proclama si cada uno de nosotros no nos planteamos profundamente transformar nuestros valores, nuestros estilos y modos de proceder. ¿No es cierto que con frecuencia se nos pegan demasiado esos estilos de la sociedad que decimos queremos transformar? ¿No es verdad que más que transformar la sociedad tenemos el peligro de que ella nos transforme a nosotros?

Una última palabra: En todas nuestras obras y programas aparece el corazón. Con frecuencia es un símbolo vacío, una rutina que seguimos pintando porque nos identifica. ¿Pero nos atreveremos en los nuevos 55 años  a trabajar con tesón y pasión para que ese corazón refleje los latidos del corazón de Dios, de modo que todos los que lo vean, comprendan que allí hay un grupo de personas empeñadas en hacer presente a todos con su cariño y entrega el Corazón de Dios?

Abrahán Reyes hizo posible con su generosidad el nacimiento de Fe y Alegría. Como no trabajó en Fe y Alegría nunca fue reconocido por años de servicio. Muchísimas otras personas están en su misma situación, a pesar de ser más Fe y Alegría que muchos  de los que aquí estamos siendo reconocidos y agasajados. Por ello, yo quiero entregar mi reconocimiento a una persona que tiene en Fe y Alegría más años y méritos que yo. Como la palabra suegra suena muy feo, la llamaré mi mamá venezolana: Altamira Barboza, viuda  de Rodríguez. Su currículo llenaría  muchas páginas: Fundadora de la primera escuela de Fe y Alegría en el Zulia, la del Manzanillo, y reconstructora de ella cuando fue incendiada por un grupo de fanáticos de la comunidad que dudaban que Fe y Alegría fuera en verdad para los pobres. Fundadora de la Escuela Nueva Venezuela en el barrio La Polar  y defensora de ella cuando un grupo de maestros y representantes la tomaron y pretendieron  separarla de Fe y Alegría.

De hecho, la casa de Altamira se convirtió en cuartel general para el rescate de la Nueva Venezuela y también prestó las instalaciones de su hogar para convertirlas en aulas, de modo que mientras duró la toma, los niños no perdieran clases. Cuando el actual alcalde de San Francisco pretendió arrebatarle a Fe y Alegría el Instituto Universitario de San Francisco,  Altamira fue una de las más aguerridas defensoras: organizó a la comunidad, repartió panfletos,  recogió firmas de apoyo,  apoyó con su presencia todas las actividades en defensa de Fe y Alegría, y hasta le escribió una Carta Abierta al alcalde del Municipio que se la publicó un periódico regional.

Actualmente,  cuatro de sus hijos  (Virma, Maribel, Atilio, y Altamira) trabajan en Fe y Alegría, más dos hijos políticos (Benita y yo). Otros hijos políticos trabajaron también en Fe y Alegría (Solaida y Eloy Altuve que desempeñó un papel invalorable  como reconstructor de la Nueva Venezuela después del conflicto, pues fue su primer Director. Sé de varios nietos (entre ellos mis hijos) que trabajan en Fe y Alegría y sería interminable nombrar a todos los nietos y bisnietos que estudian actualmente en Fe y Alegría.  Por todo ello, Altamira ¡muchas gracias por mostrarnos tanta Fe y tanta Alegría en el servicio desinteresado! Tú también nos muestras el camino a seguir en los futuros 55 años.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 1 de septiembre de 2012 por en Varios y etiquetada con .
A %d blogueros les gusta esto: