Antonio Pérez Esclarín

Ser persona de éxito

Carl Jung decía que “todos nacemos originales y morimos copias”. En verdad, en nuestro mundo, muy pocos se arriesgan a tomar la tarea de la vida en serio y a vivirla como una aventura fascinante en búsqueda de la propia realización personal.

Vivimos programados, dormidos, haciendo lo que nos dicen que hay que hacer, vistiendo como nos dicen que vistamos, comiendo lo que nos indican que comamos. La mayoría se contenta con llevar una vida mediocre en busca de la comodidad, el placer o el éxito. ¿Pero en qué consiste el verdadero éxito? ¿En acumular poder, títulos, dinero, carros, mansiones? ¿En un triunfo meramente materialista?

En la revista Poder apareció una entrevista que le hizo Isaac Lee al mejicano Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina. Nadie esperaría que este multimillonario se expresara de este modo sobre el éxito: “Yo creo que el éxito no está en lo económico. Yo creo que una persona no es de éxito porque le va bien en los negocios o le va bien profesionalmente o saca buenas notas en la escuela. Creo que eso es lo que menos vale. Lo que vale es tener los pies en la tierra, la familia, los amigos (pero los verdaderos amigos…ese que cuando te recuerda te llama, cuando sabe que estás mal en cualquier circunstancia te llama para saber si se te ofrece algo, ese que cuando te ve te da un abrazo sincero, ese que cuando te ve le da gusto saber que existes) Apreciar las cosas que tienen valor ¡VERDADERO!, no material, no físico necesariamente.

Pienso que a este concepto bien le puedo añadir una reflexión que me regaló mi madre: El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles y académicos que tienes, ni a la sangre heredada o a la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuántos carros quepan en tu garaje. No se trata si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominente de clubes sociales. No tiene que ver con el poder que ejerces o si eres un buen administrador o hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces.

No es la tecnología que empleas. No se debe a la ropa, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu status social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo. El éxito se debe a cuánta gente te sonríe, a cuántas gentes amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. Se trata de si te recuerdan cuando te vas.

Se refiere a cuánta agente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños. De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás. Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste la naturaleza y a los niños y te preocupas de los ancianos.

Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuántos te siguen si no de cuántos realmente te aman. No es acerca de transmitir, sino cuántos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más. ¡ESTO ES EL ÉXITO!

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Esta entrada fue publicada en 29 de agosto de 2012 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
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