Antonio Pérez Esclarín

El ejemplo de Pepe Mujica

Hay demasiado autoproclamado socialista por allí, cuyas vidas reflejan un corazoncito bien capitalista. Los carros que usan, las escoltas que llevan, las mansiones que habitan,  los restaurantes que frecuentan, los viajes que emprenden, los hoteles donde se alojan,  las ropas y relojes que llevan… no demuestran precisamente austeridad, sino un desmedido afán consumista, a pesar de que lo critican tanto en sus declaraciones y discursos.

Otros piensan que basta con proclamar el socialismo para que, por el  arte de magia de su soberana voluntad, ya sea una realidad palpable. Tenemos así alcaldes y gobernadores que siembran de vallas sus territorios decretando el socialismo sin que uno termine de ver algún cambio sustancial  en la producción,  en la organización, en la seguridad, en los servicios y  mucho menos en los valores y estilos de vida.

Por ello, quiero hoy traerles el ejemplo de Pepe Mujica, el actual Presidente del Uruguay, un hombre de una  gran austeridad que vive lo que habla y predica sobre todo con el ejemplo. Mujica dona la mayor parte de su sueldo y se queda apenas con una tercera parte de lo que gana: Una parte va para las finanzas de su movimiento político y lo más grueso para una colecta destinada a viviendas para familias de muy pocos recursos: “Con ese dinero me alcanza y me tiene que alcanzar, porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”.

Muy crítico del consumismo, nunca quiso habitar en el palacio presidencial y sigue viviendo en la casita que adquirió en 1985,  cerca de Montevideo, donde cultiva verduras y cría cochinos. Viste muy sencillamente y no tiene trajes de marca,  zapatos italianos,  ni relojes costosos  o prendas de lujo. En su última declaración jurada patrimonial sólo presentó como propiedad un viejo Volkswagen, modelo escarabajo de 1987, valorado en unos 1.900 dólares, en el que es común verlo con su esposa Lucía Topolansky, que  es senadora, y quien también entrega gran parte de su sueldo. Cuando le preguntaron a Topolansky, por qué no aparecía la casa en la declaración presidencial, reconocíó que estaba a su nombre. Y luego añadió: “No tenemos tarjetas ni cuentas bancarias; somos anticuados”. Es común que el Jefe del Estado almuerce en locales del centro, en simples pizzerías, o restaurantes populares. Hace unos pocos días, el presidente fue visto llegar en su viejo carro a una ferretería, acompañado tan sólo de su perra Manuela, a comprar la tapa de un inodoro. 

Mujica entiende que algunos compatriotas critiquen su estilo de vida tan sencillo porque “vivo en una casa de tres piezas y un baño, no tengo servicio doméstico y a veces lavo los platos y hasta algunos trapos. Pero es que sigo esencialmente siendo igual a como fui porque esa es mi libertad jurada. Siempre me propuse andar liviano de equipaje. Y sin embargo, ni es una carga ni una pose”.

Pero si es muy loable su sencillez y austeridad, tal vez lo sea más todavía su capacidad de perdón, tan alejada de todo revanchismo o venganza. Como combatiente tupamaro, pasó doce años confinado en varios calabozos militares de Montevideo. Durante dos de esos doce años estuvo prácticamente incomunicado dentro de un foso, y más de siete sin leer nada, excepto los retazos de periódicos que, ofrecidos como sustituto de papel higiénico, eran atesorados por los presos como la única forma de conocer algo del mundo exterior. Al igual que Mandela, el dolor le enseñó a templar el espíritu y a crecer  hacia adentro; y también, al igual que el líder surafricano, la solidaridad que halló entre sus compañeros de celda le hizo más socialista al recobrar la libertad.

Hoy por hoy, como Presidente, confiesa pasar frente a los cuarteles donde fue torturado, y no brota en él ningún deseo de venganza: “No vivimos para cultivar la memoria mirando hacia atrás. Creo que el ser humano tiene que saber cicatrizar sus heridas y caminar en la perspectiva del futuro, pues no podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes  de la vida. Es importante no olvidarse de nada, pero pienso que es necesario mirar hacia el mañana. No se vive de recuerdos. Es importante mirar el pasado, pero también es necesario perderle el respeto… Los que estamos aquí nos acercamos a la política para servir, no para servirnos del Estado. La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable”.

Foto: El País

Un comentario el “El ejemplo de Pepe Mujica

  1. Daniel González
    9 de enero de 2015

    Esto si es el verdadero Socialismo… sencillez y humildad necesitamos un monton de ellos, lástima que esten al borde de la extinción…

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Esta entrada fue publicada en 27 de agosto de 2012 por en Artículos de Prensa y etiquetada con .
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